Mea culpa y pagos millonarios

Viernes 27 de Noviembre de 2009

El fallecido Papa Juan Pablo II se hizo eco de las denuncias sobre abusos sexuales en seminarios, colegios y orfanatos católicos, que se habían formulado pocos meses antes en la diócesis de Boston (EEUU) y execró tales prácticas con una frase lapidaria: "No hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes", cortando así una cadena de silencios y encubrimientos.

El Pontífice, en un mensaje que lanzó al mundo el 22 de abril de 2002, expresó que "al igual que vosotros, yo también he quedado profundamente apenado por el hecho de que sacerdotes y religiosos, cuya vocación es la de ayudar a la gente a vivir la santidad según Dios, han provocado ellos mismos estos sufrimientos y escándalos a jóvenes".

"A causa del grave daño provocado por algunos sacerdotes y religiosos, la Iglesia misma es vista con desconfianza, y muchos se han ofendido por la manera en que han percibido la acción los líderes de la Iglesia en esta materia", puntualizó Juan Pablo II.

"El tipo de abuso que ha causado esta crisis es en todos los sentidos equivocado y justamente considerado como un crimen por la sociedad; es también un espantoso pecado a los ojos de Dios. A las víctimas y a sus familias, dondequiera que estén, les expreso mi profundo sentimiento de solidaridad y preocupación", subrayó en su oportunidad Juan Pablo II.

En ese marco, aseguró enfáticamente que "la gente necesita saber que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes".

En Estados Unidos, hace siete años se abrieron numerosos procesos en los que se ventilaron cientos de casos de abusos y las diócesis debieron pagar millones de dólares de compensaciones.

Siete diócesis estadounidenses se declararon en bancarrota y el titular de la diócesis de Boston, el cardenal Bernard Law, fue obligado a renunciar.