Viernes 02 de Diciembre de 2011
Durante 2010 el Centro Cultural Parque España abrigó un ciclo completo con las 32 sonatas para piano de Ludwig van Beethoven interpretadas por el rosarino por elección y eximio pianista Alexander Panizza. El registro de esos conciertos, compilados por la Editorial Municipal de Rosario, se presentará hoy a las 21.30 en el mismo lugar (Sarmiento y el río) en seis cajas con dos CDs cada una.
Panizza es uno de los más importantes y conocidos pianistas argentinos. Nacido en Canadá, de padres argentinos y radicado en Rosario, es el eje de un trabajo inédito para la alicaída discografía clásica argentina.
Una impecable presentación, notas sucintas y claras hechas por el propio Panizza, y un buen nivel en la calidad técnica de la grabación son las características fundamentales de esta serie de CDs.
Lo inédito de las 32 sonatas es que atraviesan toda la vida de Beethoven y es la primera en que un compositor se confiesa ante su público, algo que la pintura había logrado con los maestros italianos y la literatura con las obras de Shakespeare, Calderón y Cervantes. Ahora, de la mamo de Beethoven, la música llega a su mayoría de edad y abre la puerta a áreas impensadas de la mente y el corazón humano. Como dijo Claude Rostand es en las 32 sonatas para piano y en los 16 cuartetos de cuerda "donde Beethoven, más lejos llega dentro de sí mismo".
-¿Qué motivación lo llevó a encarar este ciclo pianístico integral?
-Si tuviera que elegir un sentimiento que me ha llevado a preparar y concretar este ciclo es el de mi profundo amor por las obras que lo componen. De manera directa o indirecta, las sonatas de Beethoven han estado permanentemente en mi cabeza y en mi corazón desde los seis años de edad, cuando mi padre me regaló una grabación de Rudolf Serkin tocando la "Patética", la "Claro de luna" y la "Appassionata". Fue este hecho puntual, creo, acompañado de la ceremonia de escuchar esas versiones noche tras noche durante largo tiempo, lo que determinó encarar este proyecto.
-¿Podemos decir que las sonatas son una muestra inequívoca de la genialidad del gran compositor?
-Las primeras obras publicadas por Beethoven son las tres sonatas del Op. 2 y se articulan en cuatro movimientos, una articulación habitual en la sinfonía pero no en la sonata para piano solo. Beethoven entra en la escena musical diluyendo las barreras entre los géneros compositivos. Claramente, esta búsqueda tímbrica excedía al fortepiano del siglo XVIII y requería la utilización de un piano aún inexistente. El periplo de su genialidad nos lleva entre las cimas que resultan la “Patética”, “Claro de luna”, “Tempestad”, “Waldstein”, “Appassionata”, “Hammerklavier”, hasta sus últimas sonatas que pueden leerse como una especie de diario espiritual del compositor, pues condensan sus más íntimas confesiones. Sin embargo, estas sonatas finales no presentan un cambio en su manera de construir una obra sino que la aparente libertad lograda en ellas resulta de la asimilación perfecta del proceso de búsqueda y experimentación que fue realizando con las sonatas anteriores. En otras palabras: “Él es su música”. En las sonatas finales, el compositor navega por aguas inexploradas y de difícil acceso para sus contemporáneos, a tal grado que fueron lentamente asimiladas por las generaciones posteriores a la muerte del compositor.
—La serie de conciertos se presentó como una unidad, ¿cuál es la razón?
—Desde todo punto de vista, realizar esta obra semental, considerada por algunos musicólogos del siglo XIX como el Nuevo Testamento del repertorio pianístico (refiriéndose a “El clave bien temperado” como el Viejo Testamento) excede la planificación y ejecución de ocho recitales de piano. El viejo cliché de que la totalidad es más que la suma de sus partes queda ejemplificado al ver cómo, a través de 32 obras que funcionan como un camino iniciático, se va percibiendo una colosal metaobra, cuya fuerza reside en que no solamente vemos las conclusiones a las cuales arriba este genial compositor, sino que tenemos el privilegio de observar la factura misma de las preguntas que se formula y su lucha para contestarlas.
—A diferencia de otros pianistas que memorizan las sonatas usted utiliza las partituras, ¿por qué?
—Primero, me resisto a pensar que un ciclo integral de las sonatas de Beethoven sea concebido como un espectáculo. Realizando la acción opuesta a Liszt, quien eliminó la partitura de la escena buscando con ello, entre otras cosas, concentrar la atención en la figura del intérprete. La decisión de hacerla nuevamente visible funciona simbólicamente como un acto de respeto al compositor, intento concentrar la atención en el discurso en sí y no en un posible golpe de efecto puramente visual. Sviatoslav Richter sostenía que tocar de memoria muchas veces limita la versión final ya que, no solo lleva a ejecutar de manera más precavida, sino que la técnica de memorización exige una repetición exagerada de la obra que resulta en una cierta pérdida de frescura. Nuevamente, surge la pregunta: ¿para qué memorizar? Es el estudio musical en sí, y no la gimnasia de memorización, lo que permite profundizar la comprensión del discurso musical y, con él, la interpretación de las obras.
Un registro del proceso creativo
Los conciertos de Alexander Panizza también dieron origen a un filme del realizador rosarino Pablo Romano, quien registró el proceso creativo del artista para dar vida a este corpus monumental del arte pianístico. El estreno del documental también formará parte de la presentación de hoy.
Romano registró de esos conciertos y la relación que entabla Panizza enfrentando unas partituras que han sido compuestas hace 200 años. “Alexander Panizza solo piano” es un documental de observación sobre el proceso de interpretación musical y el intento vano de controlar los demonios.
Entre sus últimos trabajos, Romano fue el encargado de capturar del registro de los juicios por lesa humanidad llevados a cabo en la Justicia Federal de Rosario que se transformaron en los cuatro capítulos del ciclo “Los días del juicio”, preesntados el año pasado.
También en 2010 el cineasta estrenó su documental “Los nueve puntos de mi padre”. Además, dirigió “Apuntes al natural” en 2004 y como sonidista y fotógrafo participó del rodaje de “Muertes indebidas” de 2005. Ese mismo año produjo “Una mancha en el agua”.