Viernes 20 de Marzo de 2009
Hace algunos días cometí una infracción de tránsito. Sobre la calle Entre Ríos estacioné mi vehículo en doble fila por alrededor de unos 10 minutos. Cuando salgo a buscarlo, me encuentro con una hermosa chata de último modelo de la Guardia Urbana Municipal con dos oficiales a bordo; mejor dicho, un oficial de la policía y un empleado municipal. Toman mis datos como corresponde y al finalizar este último me comenta: "Como es la primera vez que le pasa, le llegará un aviso como apercibimiento". Claro está que le pregunté hasta el hartazgo si era una multa, si la debía pagar y demás. Ante su negativa, lo saludé y me fui. ¿La anécdota? Treinta días después me llega la noticia de que debo efectuar el pago por esa infracción, que dicho sea de paso era de 120 pesos rebajada a 60. No molesta el hecho de abonarlo; pero sí me sentí estafado y traicionado por un muchacho que responde a la Municipalidad y que se ve que no tiene las ideas muy claras.
Gastón Doval, colonlocura97@hotmail.com