Domingo 13 de Febrero de 2022
Desde la mitología clásica, pasando por “Casablanca”, Pimpinela, Miranda!, Fito Páez o Dante Alighieri, el amor es un misterio. O un fraude. Netflix acaba de estrenar “El estafador de Tinder”, un documental sobre un hombre que, según el testimonio de tres mujeres que conoció en la aplicación de citas, les prometió amor eterno pero finalmente las dejó -literalmente y de acuerdo a lo que cuentan a cámara- “pagando”, en uno de los casos, una deuda de 250 mil dólares. La película registró 45,8 millones de horas vistas en todo el mundo, llegó al top 10 en 92 países y está sexta entre las más vistas del servicio de streaming en Argentina.
“Cuando dos amantes se comprometen y se dicen te amo, en eso podés confiar, no importa lo que traiga el futuro”, canta Sam a pedido de Ilsa en el clásico de Michael Curtiz. Pero no sería tan así si se tienen en cuenta los relatos de la noruega Cecilie Fjellhøy, la sueca Pernilla Sjoholmy la holandesa Ayleen Charlotte que aseguran haber sido estafadas económica y afectivamente por un joven que se hacía llamar Simon Leviev en un episodio que tomó estado público luego de que Cecilie denunció su caso al diario noruego VG y que fue replicado por medios europeos.
El hombre, que se presentaba en las redes como el hijo de un millonario con una vida de lujos, actualmente está en libertad, niega las acusaciones de fraude económico y dice que oportunamente dará su versión de los hechos. “Nunca les saqué un dólar; estas mujeres se divirtieron en mi compañía, viajaron y vieron el mundo con mi dinero”, le dijo a un medio israelí en declaraciones que reproduce BBC.
Independientemente del aspecto económico que denuncian las tres mujeres, existen algunos interrogantes que no responde el documental: cómo opera una “estafa emocional” -como lo define una periodista noruega- en personas que persisten en la búsqueda del amor y por qué las palabras pueden funcionar como una prisión; cuánto incide la cultura en la construcción de una relación y por qué el filme se transformó en un éxito en un mundo de aplicaciones de citas en las que el cielo o el infierno pueden estar a la distancia de un like.
“Sigue siendo la misma vieja historia, una lucha por el amor y la gloria”, insiste Sam en “Según pasan los años”. ¿Sigue siendo la misma vieja historia, una lucha por el amor y la gloria? “Nadie puede, nadie debe vivir sin amor”, canta Fito. ¿Pero a qué precio?. En busca de una respuesta, Escenario consultó a dos destacados profesionales rosarinos, la dramaturga y narradora Patricia Suárez y el psicólogo, psicoanalista y docente Marcelo Rocha.
“Las palabras de amor van directo al corazón, como magia”, dijo Suárez e ironizó: “Qué lindo es estar enamorado; todo Hollywood lo asegura”. En tanto, Rocha apuntó que “el amor es un afecto puramente imaginario y el estafador sabe de qué modo jugar con la ilusión del otro” con palabras que se transforman en “una prisión psicológica”.
El documental es uno de los más vistos en el mundo y sólo en Latinoamérica acumula casi 46 millones de horas de visualización. ¿Qué lo hace tan exitoso?
Patricia Suárez: Desde más o menos una década atrás y sigue en alza, todo lo que es “bio” impacta mejor en el espectador o lector. Las historias basadas en casos reales, los audiolibros que cuentan historias de vida narradas por quien las vivió, las autobiografías, el biodrama teatral -que nació hará unos 15 años- y, por supuesto, el canal ID (Investigación Discovery) que se especializa en crímenes cuya historia está contada por los investigadores y policías del caso, por los testimonios de amigos y parientes, en ocasiones por la víctima, y hay una reconstrucción dramática del crimen hecha, por supuesto, por actores. O sea, un híbrido entre lo verdadero y lo ficcional, dando por sentado que los policías, los parientes y la víctimas, son policías, parientes y víctima, y no actores contratados para hacer esos roles. Quien haya visto los programas del canal, la primera impresión es lo falaz del formato, sin embargo, acaba por atraparte. El formato en sí está tomado de ciertos programas del canal E! Entertainment TV que hacía más o menos lo mismo pero con la vida de las estrellas, de Elvis Presley a Britney Spears. Lo único que hizo ID y que tomará Netflix como idea es: ¿y qué tal si contamos historias de gente como nosotros, común y corriente, que es asesinada por confiar en el otro, en su buena fe? Quien se dé una maratón de programas de ID verá que se levanta con miedo del sillón porque cae una verdad grande como una casa sobre uno: todos somos estafables, todos somos asesinables, todos somos unos ingenuos, a quien menos se conoce es a quien vive al lado, cerca tuyo, con vos. Es una idea que nació en el siglo XX y después de la Segunda Guerra Mundial y que la podemos rastrear en literatura y en filosofía en Albert Camus con “El extranjero” o con “La banalidad del mal”, el ensayo de Hannah Arendt sobre Eichmann. Así que resultó que el psicópata no es sólo un asesino depredador con cara de malo, así que el estafador no es un tipo con la letra E estampada en la frente… A fines del siglo XX surgió el concepto de empatía, hubo el descubrimiento de las neuronas espejo como constructora de la moral o del contrato social humano. Pues bien, no se sabe por qué, pero hay personas a las que todo este alambrado neuronal les falla, o carece de él. Y ahí tenés a “El estafador de Tinder”, “La serpiente”, “Tenemos que hablar de Kevin”, “El adversario”, “La hija”, una novela espectacular de Ana María Shua, “El coleccionista” y muchos más.
Marcelo Rocha: Desde mi punto de vista creo que podríamos pensar en varias cosas que hacen que este documental sea tan visto. En principio porque toca cuestiones que tienen que ver con el uso de una aplicación que despierta gran interés en el común de la gente. “¿Usás Tinder?”, se preguntan entre las personas como con cierta intriga. Hay ahí una cuestión con lo que se hace o no se hace en Tinder, con las fantasías y las realidades que acontecen en los encuentros generados desde la virtualidad. Lo secreto, lo que sale a lo común llama la atención. Por otro lado, el mundo de la virtualidad de los vínculos que se crean en Tinder y otras aplicaciones similares abre un campo a las nuevas formas de relaciones amorosas. Muchas personas hoy en día encuentran en la aplicación una posibilidad para conocer a otras, eso es un hecho. No podríamos juzgar negativamente esta aplicación. Yo mismo, como terapeuta, he sido testigo en la escucha atenta en mi consultorio de muy buenas relaciones generadas de desde la virtualidad que terminaron con un final muy feliz. Volviendo a la pregunta, yo creo que también es un documental muy visto porque en el título mismo aparecen dos cosas que llaman la atención de todo el mundo, pues refiere al amor -Tinder- y el desamor -el estafador-, es decir, que en “el estafador de Tinder” se encuentran las dos cosas que más le importan a los seres humanos: el amor y el dolor, la felicidad y el sufrimiento. Si hay dos temas cruciales para el interés de nosotros, los neuróticos, son estos dos, en principio porque vivimos intentando evitar el dolor aferrados a la búsqueda de la felicidad. El amor siempre se presenta como un estado de bienestar, necesitamos amar y sentirnos amados pero, en esas búsquedas salimos lastimados. La cultura nos impone muchas dificultades a atravesar y así nos vamos intentando defender de lo que nos pasa. Cada quien busca su bienestar en diferentes cosas, hay quienes se aferran a un proyecto, otros a lo material y están quienes solo buscan al amor como único sentido para su vida. No podemos juzgar lo que a cada quien le hace bien. En este caso, en este documental, se trata de quienes buscan al amor y terminan atrapados en las redes de un estafador con perfil psicopático. Entonces, los espectadores se encuentran con una historia real que inmediatamente los lleva a googlear la veracidad del perfil del personaje principal y de sus víctimas. Todos quedan enganchados en esta historia donde es inevitable proyectar fantasías, pensamientos conscientes y opiniones. Por eso creo que este documental genera tanto interés, porque todos desean saber cómo es posible que te estafen por amor y hasta qué punto alguien puede enamorarse tan perdidamente de una persona que termine estafándote tan vilmente. Lo interesante a remarcar es que aquí se muestra la historia de mujeres estafadas pero sabemos que eso ocurre en general, sin distinción de sexo.
Una de las periodistas que da su testimonio en “El estafador de Tinder” habla de una “estafa emocional”. ¿Por qué sucede esa estafa?
PS: Cualquiera que sepa que está generando en el otro una emoción que no se condice con la realidad y la perpetúa, está estafándote. Si alguien me envía flores porque está enamorado de mí y yo, en ningún momento, pongo una palabra por medio deteniéndolo, aclarándole que de mi parte sus sentimientos no son correspondidos, estoy estafándolo, estoy faltando a la voluntad de verdad que debemos tener las personas para convivir entre nosotros. Si encima, lo dejo que me envíe flores y le sumo a eso la mentira, estoy burlándome de esa persona para una finalidad, en este ejemplo, pequeña, como es la vanidad, y en el caso de “El estafador...”, dinero liso y llano. Y dinero para darse la vida de un magnate, para jugar a que es un magnate, un apenas parásito de la sociedad.
MR: En principio, porque el estafador juega con la ilusión del otro, por eso creo que la periodista utiliza el término “estafa emocional”, es decir, el estafador juega a decir de Lacan con “la falta del otro”, con la emoción que el otro pone en juego a la hora de buscar una pareja. Si tuviéramos que definir al amor lo podríamos pensar como una ilusión. Así es, el amor es una ilusión y el dolor es la pérdida de esa ilusión. Decimos que el amor es una ilusión porque es siempre imaginario, es decir, nos enamoramos más por lo que presuponemos que el otro es que por el ser real de la persona amada. Las víctimas buscan en la aplicación aquello que les falta, un ser a quien amar, una de ellas dice: “todos estamos buscando un diamante en bruto”, “hallar un príncipe encantador en la vida real cuesta demasiado”, “él me escuchaba, es raro que los hombres te pongan atención”. No importa lo superficial o profundo que pueda ser el enunciado de alguien que está buscando el amor, lo cierto es que en todos los casos, se buscará a un ser imaginario que se encarnará en una persona real. La persona real siempre será idealizada, hasta que poco a poco se vaya atravesando ese primer período de la pareja para avanzar hacia una instancia más real. Por ello es que al final la frase de la víctima cambia y dice: “El hombre que amaba nunca fue real, el fingió todo”. El amor es siempre idealizado porque es un afecto puramente imaginario y el estafador sabe de qué modo jugar con la ilusión del otro. El amor siempre impone, irremediablemente, alguna pérdida. Cuando estamos en ese estado siempre sentimos perder algo de nosotros, por ello el que ama se encuentra en un estado de vulnerabilidad mayor al que no ama. Freud decía que el que ama se hace humilde, por esa renuncia que hace a una parte de su narcisismo. En tal sentido se trata de una “estafa afectiva”, de una pérdida que las víctimas sufren de su ser, de sí mismas.
En el caso de una de las víctimas, Cecilie, es llamativo que se aferre a la construcción falsa de sí mismo que le da el estafador y se sigue aferrando a esas. ¿Qué poder tienen las palabras cuando involucran a los afectos? ¿Las palabras -las correctas y esperadas en una relación- tienen algo mágico, generan una fe ciega? ¿O lo que ciega es la ilusión?
PS: Cecilie se aferra a la construcción que ella hizo de su objeto de amor y en cierto sentido es legítima. El la estafó con dinero, pero ella tiene derecho a pensar en que él la pudo haber amado. Vos dirás que no, yo diré que no, ¿pero por qué ella tendría que creer que no? En los gestos de él, ella se sintió amada y eso le basta. ¿Es saludable? No. ¿Es tóxico? Sí. ¿Es real? Para ella sí. Yendo a algo más trágico como son los femicidios: si las mujeres no creyeran en el amor de estos hombres violentos, los crímenes no sucederían. Ojo: no las estoy culpando. Lo que estoy diciendo es que para esos tipos el amor de sus mujeres es el capital para avanzar en la violencia. Y la violencia, como la estafa, surge una vez que el otro está completamente ciego adentro de la relación amorosa, cuando ve sólo lo que el estafador le quiere mostrar.
MR: Deleuze dijo alguna vez algo muy importante “no hay peor pesadilla que ser prisionero de los sueños del otro” Eso es algo de lo que se juega en el amor patológico, en este caso, de víctimas que se enamoran quedando presas del sueño delirante y patológico de un ser siniestro. En algunas ocasiones, quien ama o es amado, puede correr el riesgo de caer súbitamente o de entrar lentamente en los bordes patológicos de algo que ya no puede ser calificado como amor, sino como un agujero negro donde reina el sometimiento, y la posesividad. La particularidad de ese agujero es succionar toda la humanidad de lo que allí ingresa en pos de un deseo narcisista de satisfacción de uno de los miembros de la pareja. Esto produce mucho sufrimiento, porque para muchos no es tan fácil salir de allí. Ni hablar de las situaciones que terminan en femicidios, eso nos duele mucho como sociedad, el hecho de seguir viendo tanta cantidad de perversos y psicópatas que no han sido frenados por la justicia a tiempo. La injusticia de una ley que no se hace presente no queda al margen en este documental. El amor no es posesión, es un sentimiento. Cuando el amor se vuelve posesivo o invasivo se convierte en una forma patógena de vínculo con un otro. Amar a alguien es respetar su libertad, su integridad, sus gustos e ideas; es pretender su felicidad y desarrollo personal. Yo creo que el amor no es ciego, muy por el contrario, sabe mirar muy bien para encontrar aquello que anhela. Pero, ¿con qué mira el amor? El amor mira con el deseo. El deseo, aquello que nos excede a nuestro control consciente, son los ojos con los que mira el amor. Y es allí donde llegan las palabras a lo más profundo de nuestro ser, es decir, toca nuestros deseos que escapan a los controles conscientes de nuestra razón. Las palabras generan una envoltura imaginaria donde se tejen sueños. "Las palabras nos atraviesan y toman diversos destinos, pero algunas quedan dentro nuestro y nos transforman de diversas formas. Las más sensibles, ésas que más nos importan, se enredan en el corazón y no lo quieren soltar. Están también las que se clavan en la razón para vivir obstinadamente ahí. En el documental las palabras de Simón, el estafador, se clavan lentamente en lo más profundo del ser de sus víctimas y remueven sus afectos más inconscientes. En el amor patológico uno de los miembros de la pareja suele hacer uso de las palabras para crear una prisión psicológica en el otro. “Te amo”, “te prometo que seremos felices”, “deseo tener hijos contigo”, “eres la persona que deseo para mi vida”, éstas, y otras palabras iban tocando el inconsciente de las víctimas que iban idealizando al gran amor en la persona de un estafador.
¿Existe una narrativa del amor idealizado?
PS: Por supuesto, el enamoramiento. Ese estado que los neurocientíficos dicen que en el cerebro es de tal adicción como inhalar cocaína o comer chocolate; es de necesidad y dolor hasta que aparece el ser amado y nos gratifica. ¿Qué le decís a alguien que se enamoró? Escuchás todo el relato de dones y virtudes de su amado, y lo palmeás en el hombro: “Ya se te va a pasar”. ¿O le regalás un kilo de chocolate y le decís que cruce la frontera lo antes posible? Nada, uno oye, y por si fuera poco, solés pensar: “Qué lindo es estar enamorado; todo Hollywood lo asegura”.
MR: Creo que hoy en día la cuestión del amor idealizado viene teniendo sus cambios, profundos cambios diría yo. Las formas de amar se han ido metamorfoseando hasta llegar a crear nuevas lógicas de pareja, diferentes tipos de relaciones. La cultura cumple aquí un papel fundamental ya que reproduce las diferentes formas en que las personas se relacionan entre sí y construyen sus modos de ingresar y circular por sus sociedades. Estamos en un momento cultural-epocal donde por suerte el feminismo ha improntado en las formas idealizadas del amor. Deconstruir los modos que las culturas proponen para lo que sería un “amor ideal” es algo que viene sucediendo y que, por ende, repercuten en las formas amorosas en que las personas se vinculan. La idea de “amor ideal” suena a una promesa de felicidad, cuando en realidad, el amor no deja de ser una construcción, y lo mejor que le puede pasar a cualquiera es que esa construcción sea algo personal forjado desde su propio deseo, sin ningún tipo de condicionamiento del contexto. Es cierto que muchas veces existen ciertas narrativas de un amor idealizado que se impulsan desde los mismos vínculos familiares. En los consultorios aún seguimos escuchando historias de personas que han construido parejas influenciadas por los deseos de sus padres. Eso, lógicamente genera bastantes angustias a enfrentar. Entre las miles formas de amar yo he podido distinguir tres manifestaciones más comunes: los amores racionales, los irracionales -comúnmente denominados como amores a primera vista- y los patológicos. Los primeros, se tratan de elecciones amorosas realizadas desde los propios ideales donde no actúa tanto la pasión del deseo sino la razón; el otro tipo tiene que ver con aquello que toca al inconsciente, son esos que por más que le impongamos lo que queramos no hay caso, siempre nos ganan. Las terceras formas de amor son los que siempre duelen y dañan, muchos cuentan esa experiencia como un lugar muy difícil de salir.
¿Qué aspectos de la cultura construyen esa noción de amor ideal?
PS: La canción romántica, primero y principal, en todos los géneros y las épocas. Las comedias románticas, algunas novelas románticas -en las más antiguas, la factura de Corín Tellado, por ejemplo, que no era ninguna incauta, la consumación del amor romántico está pegado al pedido de matrimonio, con lo cual el objetivo, si lo miramos con lupa no es la vivencia del amor romántico, sino mantener la institución matrimonial -, las telenovelas. Mi primer novio fue a los 18; no sé si para los 20 estaba muy enamorada de él, pero yo creía que el amor era para toda la vida, así que no me animé a romper con él. “¡La literatura nos hizo mucho mal!”, dirá Cristina Peri Rossi. Un día, me enteré que él estaba saliendo con otra chica a la vez, y rompimos. Me puse muy mal, quería morir de amor: no iba a sobrevivir a esta ruptura, así, bien drama queen todo. Lo que no sabía era cómo matarme. Yo vivía por ese entonces con mi abuela; volví a la casa -que era un departamento chorizo- y me tiré a morir de inanición!. Mi abuela, ajena a todo, octogenaria, preparó esa noche empanadas de queso; el olor llegaba de la cocina a la habitación. Me levanté y comí las empanadas de queso. Y acá estoy, me enamoré como diez veces más. Pero quiero decir con este relato, que lo que nos hace sufrir no es tanto lo que nos pasa, sino el mandato de lo que nos debe pasar.
¿Qué incidencia tienen la literatura, el cine, el teatro, la televisión o los relatos infantiles clásicos en esa construcción?
PS: Toda nuestra mass media abreva en la idea de amor romántico, ¿cómo zafar de ahí? Creo que es importante a los chicos enseñarles que ellos deben hacer algo valioso en la vida, y que eso valioso, los hará valiosos a ellos mismos. Eso, no es el otro, ni es el dinero. Es algo para que este mundo quede un poco mejor cuando ya no estén, algo por la especie humana. Cada uno sabrá qué.
MR: Bueno, es bueno pensar que aprendemos a amar desde muy pequeños a través de las primeras relaciones vinculares que tenemos con nuestros seres queridos. Claro que se trata de un amor desexualizado, tierno, puro prodríamos decir, pero lo cierto es que ya, en esas tempranas formas de amar se irán tejiendo las bases para lo que será el amor adulto. A muchas personas les llama mucho la atención cuando se dan cuenta en análisis, por ejemplo, que su ser amado lleva en su rostro la misma expresión que su padre o, más aún, que los trata de la misma forma en que lo hacía su propia madre. Esto de la cierto tipo de elección amorosa que se repite, que ya lo había señalado Freud, es algo que nos demuestra que lo que vivimos, escuchamos y vimos en nuestra infancia va forjando nuestro ser inconsciente que saldrá a la luz en nuestra adultez determinando, por ejemplo, nuestras elecciones amorosas. Yo particularmente he denominado a esto “las marcas de la infancia”, es decir, que todo aquello que vivimos intensamente se nos graba de tal forma que en nuestra vida adulta terminará condicionando muchos de nuestros haceres y elecciones. Una vez, recuerdo que una paciente me dijo “y al final me terminé casando con mi príncipe azul, tal como el cuento que me leí mi mamá todas las noches”.
¿Cómo incidió el surgimiento de las aplicaciones de citas en esa idea de amor o de una relación amorosa ideal construida a través de generaciones o cómo distorsionó esa idea?
PS: Si vos tenés una cita, es porque estás buscando el amor. O sea, ya llevás las ganas. No es que estás en el médico y mientras te receta hierro para la anemia vos lo mirás y decís: “Es el amor de mi vida”. Vos vas a una cita buscando amor y el otro, suponemos, también. O ser frustrado en el amor, que hay casos, esas personas permanentemente insatisfechas que van a todas las citas. Y encontrás, yo no sé si el amor, pero un algo que se le parece, a veces con eso basta. Puede ser sexo, un compañero para salir, alguien con más dinero que vos para pagar los gastos, salidas; el príncipe azul de hoy: un millonario con miles de seguidores, cosas así. Pero si además, antes o después de la cita, están las palabras, ¡ay, las palabras de amor!, ¡la poesía! Las palabras escritas, los sentimientos puestos en palabras hacia el otro, eso es una vuelta a la narrativa epistolar del siglo XVIII, donde la gente amaba por carta. Las palabras de amor van directo al corazón, como magia. Salvando las distancias: te pasa lo mismo cuando te dicen que estás flaca. ¡Amás a esa persona! Y en las redes todo es a ciegas; vos te imaginás cómo es el otro, su día a día... El día que abrí mi cuenta de Facebook por primera vez, allá por el 2008, chateé con Hanif Kureishi. ¡Era Hanif Kureishi, un escritor al que admiraba! Chateaba con él y gritaba de alegría a la vez. Y más adelante me empezó a seguir un tal Brad Pitt; al principio no comprendí que no era Brad Pitt; sólo experimenté felicidad. Una mujer de las Canarias se enamoró de mí y me acosó por Internet a través de mi blog -lo cerré- y vino hasta la Argentina a conocerme sin que yo la alentara ni le contestara sus emails. Me la encontré con ella con un ramo de flores a la puerta de un teatro: tuve mucho miedo. Yo no la había alentado jamás y me vi en la obligación de pararla, decirle que ya no más. Pocos años después, viajé a España y me la encontré en un evento público, había ido a la presentación de un libro mío y me encontré firmándoselo, cuando dijo su nombre, temblé. Tenía en la mano la bolsita de embarque del avión Canarias/Madrid y una banana dentro. Así de bizarro como lo cuento. Esa noche fui a dormir a la casa de mi agente, no al hotel. Uno no puede evitar emocionarse, la historia es cuando le das rienda suelta a emociones que no se condicen con la realidad.
MR: En general creo que de modo positivo. No soy de aquellos que sentencian tanto a la virtualidad, sí claramente cuando esta se vuelve un exceso para la vida y coarta los lazos verdaderos. Pero, la verdad, es que muchas personas han encontrado la posibilidad de relacionarse gracias a estas aplicaciones. Pienso, por ejemplo en personas retraídas, inhibidas, tímidas, que tienen severas dificultades para expresar sus sentimientos, en ese caso muchos han podido avanzar hacia el encuentro con otro. Pero también debo pensar en los perversos que aprovechan estas posibilidades para encontrar un modo donde seguir gozando, eso es muy preocupante. Es claro que lo mejor que puede pasarle al amor es la presencialidad, la mirada como gesto cómplice, el experimentar de sensaciones ante la presencia de otro con quien hay que dialogar, compartir para conocer. Pero yo creo que en muchos casos no deja de ser un complemento para poder ir al encuentro con otro. El otro, en el amor, no es un objeto, tampoco es quien debe hacernos felices, ni sostenernos o darnos lo que necesitamos. Por el contrario, el ser amado es quien, a través de su sola presencia en nuestra vida nos eleva el deseo de sentirnos vivos.
En una época en la que las estafas digitales son cada día más frecuentes, ¿cómo definirías a este tipo de estafa que es emocional, pero que se hace a través de un recurso digital capaz de construir un vínculo?
PS: Imaginaria. Quiero agregar algo y es sobre Pernilla que aparece en el documental como una chica que sólo quería ser amiga del estafador. Si bien dudo de toda la veracidad del documental -hasta los documentales de animales son una ficción -, dudo especialmente de Pernilla. ¿Quién entregaría tanto dinero sólo por un amigo al que conociste por las redes y con quienes vivís momentos de frivolidad, vacaciones en Grecia... Esta chica sentía otra cosa por él que lo unía, o tenía otra relación, que incluye elementos más “adherentes” en la relación: eran amigos con derechos sexuales, o ella creía que competía -con la chica rusa, por ejemplo- otra y lo iba a obtener para sí. La amiga samaritana es un cuento chino, pero en el caso de que la historia sea veraz, a lo mejor pidió que su relación tal como fue con el estafador no sea puesta en primer plano, para no sentirse humillada.