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Maxi expectativa, Mini definición en el rally Dakar 2014

Sobre el valle de Illapel, a buena altura, entre un paisaje sin arena al fin pero con espinillos y cactus, el Dakar puso punto final a la edición 2014.

Domingo 19 de Enero de 2014

Sobre el valle de Illapel, a buena altura, entre un paisaje sin arena al fin pero con espinillos y cactus, el Dakar puso punto final a la edición 2014. En realidad, después siguió la llegada a Valparaíso y la imagen se convirtió en glamour, como la de la largada en Rosario. Para la ceremonia, a los pilotos les fueron dando gorras de Michelin con la palabra podio, y tras festejar la llegada real siguieron viaje hacia esa ciudad de la costa del Pacífico. En ese marco, donde la espera se matizó con tensión para ser testigo del desenlace más apretado de la historia del Dakar, cierta dosis de decepción la coronó cuando se supo que, de todas maneras y después de tantas polémicas, la orden del equipo Mini se cumplió y Nani Roma disfrutó así de su primera victoria en la categoría reina, emulando a Hubert Auriol y su (ex) amigo Stephane Peterhansel, quienes además la consiguieron antes en motos.

Hace 10 años exactamente, Roma se convertía en el primer español en ganar un Dakar. Fue en Africa, en motos, con una KTM. Y la espera por el doblete llegó a su fin, claro que en un marco que quizás ni él mismo merecía, tras una excelente primera mitad y una desdibujada segunda, donde Peterhansel lo colocó al borde del abismo, hasta que la orden de Mini enturbió la definición. Parecía que el francés haría caso omiso, sobre todo tras de la demostración del viernes, donde se colocó para la definición 26 segundos por delante del catalán, pero ayer aflojó y le cedió la victoria por 5m 38s. Una gran decepción para los que soñaron con un sprint de locos.

El miércoles, con 600 kilómetros durísimos por delante, Mini pidió bajar el ritmo. Fue una puñalada para el francés que, de estar a 39m 59s, había quedado a 2m 18s. Al día siguiente volvió a situarse a más de 5 minutos e hizo pública la decisión del equipo, algo que enojó a Roma porque consideró que el galo no aflojó sino que se retrasó por dos pinchazos. Y lo acusó de hablar de cosas confidenciales y de olvidarse que, según él, en 2007 ganó gracias a una orden de Mitsubishi que lo priorizó sobre Luc Alphand.

Y Peterhansel hizo una demostración de poderío el viernes. Pero ya ese día aclaró que tenía una cláusula que lo obligaba a las órdenes de equipo y que si tenía que obedecerlas lo haría. Y por cómo fue la definición, en sólo 157 kilómetros no complicados, lo hizo. Una pena.

El mismo Roma admitió a su manera que ayer Mini ratificó su decisión: "Estuve peleando contra un gran piloto. Fijate que el resto quedó muy lejos nuestro. Pero respecto a las órdenes de equipo, no es mi problema. Fue el equipo el que decidió esto y yo estaba preparado para girar hasta el máximo. Fui líder durante casi toda la carrera, así que tengo poco más que decir".

Lo demás por decir lo harán los medios, los analistas y la historia, que marcará al fin a esta 36ª edición, no sólo como una de los que más polémicas trajo, tanto al principio por la dureza extrema y la nueva víctima que produjo, sino al final por una última etapa que pudo ser inolvidable por la competencia deportiva y lo será porque como pocas veces, quedó muy en evidencia que otros intereses la abortaron, ensombreciendo lo que debió ser una gran victoria de Roma o una nueva de Peterhansel. Semejantes nombres no merecían que se opaque su brillo.

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