Viernes 16 de Julio de 2010
Muchos hablan de los principios familiares, y uno de los que me enseñaron desde chiquito fue el de la igualdad, el de no discriminar. Por eso no distingo entre el gordo y el flaco, el petiso y el alto, el rubio y el morocho, y tampoco entre el heterosexual y el homosexual. Si todos, menos este último, están reconocidos y regulados por leyes, ¿por qué vamos a dejarlos afuera? ¿Por qué crear leyes distintas para ellos? Por el contrario, no son ellos, sino que son parte de nosotros. Son ciudadanos que necesitan, y a los que les corresponde, que se valoren sus derechos. Debemos incluirlos al cien por cien, con todos los derechos y obligaciones que tiene cualquier argentino, porque son parte de nosotros, no son ellos. Por eso, si un gordo, un flaco, un petiso, un alto, un rubio y un morocho tienen la posibilidad de casarse y tener hijos, ¿por qué no lo podían hacer hasta ahora los homosexuales? Párrafo aparte para la posición de la Iglesia, que no me voy a explayar en esta oportunidad, sólo me limitaré a decir que no es un actor principal en cuestiones civiles, el resto no debe importar.
Sebastián Cassale sebastiancassale@hotmail.com