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Mataron de tres balazos a un alto jefe policial en medio de un robo

Violencia urbana. El comisario Guillermo Morgans, titular de Unidades Especiales, estaba en el negocio de su hijo cuando entraron dos ladrones.  

Miércoles 11 de Junio de 2014

Ayer, poco después de las tres de la tarde, una tormenta de balas impactó en el alma de la policía de Rosario. El comisario inspector Guillermo Morgans, de 45 años y jefe de la Agrupación de Unidades Especiales de la Unidad Regional II fue asesinado de tres disparos dentro de un minimarket con servicio de Pago Fácil propiedad de su hijo Franco, de 23 años. El jefe policial no estaba uniformado y habitualmente a las 15, cuando iba hacia su despacho de Jefatura, paraba para "tomar unos mates" junto a su hijo. Ayer fue la última vez que pudo hacerlo. "Entraron dos muchachos, me pidieron la plata, se las dí y entonces le metieron un culatazo en la cabeza a mi papá y lo llevaron a una piecita de atrás. El no se identificó pero cuando pudo sacó el arma y empezó un tiroteo", sintetizó Franco en un primer momento. Según el joven, los ladrones no se llevaron más de "mil pesos y un teléfono celular". Media hora después del robo, la cuadra del macrocentro en la cual está el colegio San Patricio, se pobló con varios de los responsables de la policía provincial, de funcionarios del Ministerio de Seguridad y también de la Justicia, todos funcionarios con los cuales la víctima dialogaba a diario por sus funciones. Incluso el gobernador Antonio Bonfatti, de viaje en Nueva Zelanda, se enteró de lo ocurrido y dio una breve declaración (ver aparte).

La mecánica del hecho fue un poco más compleja a la que en primera instancia relató Franco Morgans. "Estábamos con varios amigos y cerca de las 3, más o menos, me llamó mi viejo y me dijo que venía para acá desde el taller mecánico. Estacionó (una camioneta Toyota Hilux negra con vidrios polarizados) enfrente del local y se bajó. Iba a estar cinco minutos", recordó el muchacho aún sorprendido por lo ocurrido. "Cuando se fueron mis amigos nos quedamos tomando mates con mi viejo y en eso entraron por la puerta, que estaba abierta, dos tipos de unos 25 años y con un revólver cada uno", agregó antes de romper el llanto contenido.

Encerrado. "Entonces uno me apuntó a la cabeza y me pidió la plata de la caja (siguió el joven). Le di todo lo que tenía para que se vayan y pusieron la plata en una mochila. Mi viejo los miró muy tranquilo y nos apuntaron. Mientras a mí me ataban las manos en la espalda con un alambre, mi papá les dijo algo y uno de ellos le dio un culatazo y lo llevó al depósito —una pequeña habitación en los fondos del pequeño local que no mide más de treinta metros cuadrados—. Una vez ahí él sacó su arma reglamentaria y los insultó. Se parapetó detrás de una puerta y tiró. En un momento la distancia entre mi papá y los ladrones no fue de más de dos metros. Se habrán disparado unos ocho tiros. Ahí salieron corriendo con la mochila por calle Rodríguez hacia Catamarca y se fueron como llegaron", relató el joven ampliando los detalles.

El cuerpo de Morgans presentaba tres impactos de revólver, aparentemente calibre 38 o 32: uno en el omóplato, otro en el hombro y el tercero en la cabeza, sin orificio de salida. Las paredes del local quedaron marcadas por los proyectiles que no dieron en el jefe policial y los pesquisas rescataron cuatro vainas de una pistola calibre 9 milímetros que serían del arma oficial de la víctima.

Según las primeras declaraciones de Franco Morgans, único testigo del trágico episodio, uno de los ladrones mide 1,70 metro, es robusto, de cutis trigueño y vestía una campera deportiva de nailon. El otro era un poco más bajo, tenía cutis blanco, vestía ropas claras y una campera deportiva.

Entre mates. Un rato antes del crimen, en el negocio asaltado habían estado el socio de Franco, el ex periodista deportivo Guillermo Muñoz. Lo hizo junto a varios amigos con los que, según dijo, "tomamos mates y charlamos, lo que hacemos todos los días más o menos a esa hora".

"Hace dos años que abrimos y nunca pasó nada. La plata del Pago Fácil está asegurada y teníamos desde siempre una desición tomada: si nos robaban les dábamos todo y que se vayan. Pensar que habíamos vendido la llave del negocio y en julio nos ibamos a mudar a otro lugar, con más movimiento comercial", contó Guillermo consternado. Al respecto, varios vecinos comentaron que a pesar de estar a pocos metros de una avenida transitada y frente a una escuela privada, el local no tenían un movimiento fluido de público y clientes.

Todos presentes. Ayer, a las 15.30, la esquina de Salta y Rodríguez parecía el escenario de un acto oficial. Hasta allí habían llegado el fiscal regional Jorge Baclini, quien escuchó atentamente las hipótesis de sus colegas de la Unidad Especializada en Homicidios Dolosos, Adrián Spelta, Pablo Moreno, Adeimar Bianchini y Florentino Malaponte, quien quedó a cargo de la investigación.

Por otro lado, decenas de policías entre los que se contaban el jefe de la Unidad Regional II, José Luis Amaya; y el subjefe de la policía de la provincia, Raúl Ardiles, observaban cómo sus subordinados y los fiscales trajinaban con los celulares y ordenaban los pasos a seguir: hurgar sobre las imágenes de dos cámaras de video vigilancia cercanas, buscar testigos que pudieran haber visto el escape de los homicidas, llamar a dateros de los barrios que puedan aportar información, movilizar todas las brigadas, hacer operativos cerrojos en el macro y microcentro y hasta recabar datos sobre las líneas de colectivos que pasan por el lugar. Esos primeros movimientos arrojaron como resultado, cerca de las 17, dos jóvenes demorados en la seccional 12ª, aunque no hubo información oficial sobre si podrían estar involucrados en el hecho.

También estuvo en el sitio el secretario de Seguridad Públicad de la provincia, Matías Drivet, quien se informó de todo lo ocurrido y acompañó a la familia de la víctima.

Frente al maxiquiosco que fue escenario del crimen hay instalada una cámara en la puerta del acceso del colegio San Patricio. En la imagen rescatada, dijeron los pesquisas, puede verse a los ladrones correr hacia calle Catamarca con una mochila, lo que deja de lado que se movilizaran en un vehículo. Por Catamarca también se revisaron dos cámaras, aunque no trascendió que registaron esas imágenes.

Llamadas. A menudo el destino juega con cartas marcadas y casualidad o no Guillermo Morgans mantuvo antes de morir una serie de llamados telefónicos por temas triviales y de trabajo. A un amigo de siempre, el comisario inspector Daniel Corbellini, le había conseguido un turno en el mecánico de su auto. Ese taller atiende también el vehículo del fiscal regional Jorge Baclini y el mecánico lo puso al habla con Morgans a las 14.30. Minutos antes, el oficial asesinado había hablado con su mujer para buscarla y acercarla a un lugar.

El titular de la policia local, José Luis Amaya, había mantenido con Morgans una reunión de trabajo al mediodía: “Era una excelente persona y un buen policía. Estamos consternados, sin palabras”, atinó a decir antes de encerrarse en dar órdenes a la fuerza y acompañar a la familia de su compañero muerto.

Es que a la puerta del negocio llegaron Norma, la viuda de la víctima, y el otro hijo de la pareja, Leonel. Cada oficial que estuvo en el lugar se acercó para saludarlos y en curtidos hombres de la fuerza se vieron corer lágrimas. “Son ladrones viejos y seguro que conocidos. Si se dieron cuenta de a quién mataron ya están afuera de Rosario. Si están acá los vamos a encontrar”, sentenció un oficial.

Una larga carrera. Guillermo Morgans era oriundo del departamento San Javier, en el norte provincial, y entró a las filas de la policía en 1990. Su carrera se inició en el Unidad Regional I, en la ciudad de Santa Fe, donde desempeñó tareas en varias comisarías. También cumplió funciones en la Regional III, en el departamento Belgrano, para llegar a Rosario en 1995.

Aquí, dijeron ayer fuentes de Jefatura, ocupó cargos en las comisarías 10ª y 7ª, fue Inspector de la 2ª Zona, se desempeñó en la Brigada de Orden Urbano, en Leyes Especiales, en Seguridad Personal y finalmente como jefe de la Agrupación de Unidades Especiales que incluye bajo su órbita, además de las dos mencionadas, a Homicidios, Investigaciones y Sustracción de Automotores.

Quienes compartieron parte de su carrera y muchos de sus destinos, decían ayer que su futuro estaba seguramente en los puestos de mando más altos de la fuerza. Incluso, aunque no se dijo oficialmente, trascendió que pronto iría a cumplir funciones en la flamante Policía de Investigaciones creada a partir de la reforma del Código Penal de la provincia.

"Un hecho aberrante"

“Conmovidos, consternados y profundamente dolidos son los sentimientos de todos quienes somos parte del Ministerio de Seguridad de la provincia por el asesinato del comisario Guillermo Morgans”, dijo el ministro Raúl Lamberto apenas conoció la noticia. Asimismo dijo que “era uno de los más importantes investigadores de la policía provincial, un hombre de vocación y de profesión que estaba en diálogo permanente con los vecinos, los fiscales, los jueces y sus compañeros de trabajo”. Y expresó “el compromiso de las instituciones políticas y de seguridad para lograr identificar y poner ante la Justicia a los autores de este hecho aberrante”.

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