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Matan a una voluntaria de un comedor en un tiroteo entre bandas en Ludueña

Rivales de dos quioscos de droga se enfrentaron en Gorriti al 6000. Ella, de 50 años y seis hijos, quedó en el medio. Espanto en el barrio.

Jueves 10 de Enero de 2013

Mercedes Delgado tenía 50 años, seis hijos y una activa participación social en Ludueña Norte, el barrio que la adoptó cuando hace dos décadas llegó desde el norte de la provincia. Mechi repartía su vida entre la costura, con la que sostenía su hogar, y su participación en la comunidad eclesial de base que tiene su lugar en el centro comunitario "San Cayetano", en Gorriti 6068. Pero el martes a la tarde la vida de Mechi y de sus pares giró hacia lo peor. Dos grupos de soldaditos se trenzaron a balazos en Bielsa y Garzón, a metros de la casa de la mujer. Al escuchar las detonaciones Delgado salió de su vivienda para buscar a su hijo y un balazo calibre 11.25 la impactó por la espalda. Fue trasladada al hospital Centenario. Pero murió ayer, poco después de las 3 de la madrugada.

"A Mercedes la mataron pibes del barrio, delincuentes, que se criaron comiendo acá, en este comedor. Este barrio antes no era así, lo que pasa es que hay muchos pibes que perdieron respeto por el valor de la vida. No hay más códigos", explicó una de las doñas del lugar.

Son 110 madres las que trabajan en San Cayetano para que los chicos de una barriada cada vez más pauperizada tengan acceso a un plato de comida, un abrazo que contenga o una sonrisa. Mechi Delgado formaba parte de ese grupo. "A ella la conozco desde hace muchos años porque nuestros hijos, los más grandes que hoy tienen 29 años, se criaron juntos. Era una mujer muy solidaria con su prójimo", relató la vecina.

Pelea y final. "La investigación está avanzada" señaló ayer el comisario Daniel Corbellini, jefe de Orden Público. "Varios de los partícipes de este hecho, en el que se tomaron a balazos dos grupos antagónicos bien definidos, están identificados. Son personas con antecedentes penales", indicó el jefe policial. "La gente sabe quiénes son. Hay mucho miedo y el temor paraliza. Pero tenemos que movernos. Esto no dejará de pasar hasta que todos nos comprometamos", razonó en tanto una mujer.

Los vecinos de Mechi relataron que el enfrentamiento tuvo lugar el martes, poco antes de las 19, entre dos grupos de soldaditos de los búnker de venta de droga del barrio. Unos, cuyo quiosco está en Gorriti y Garzón, a escasos metros del "San Cayetano". Y los otros, de la zona de Magallanes y Vélez Sársfield. El origen de la disputa no fue un problema de drogas sino un viejo rencor que se destapó con la salida de prisión de un muchacho apodado Guadaña.

"Esto tuvo varias etapas. Una vez se cruzaron Guadaña con el que comanda a los del otro búnker y se prometieron balas. Pero no se agarraron. Ayer a la tarde los fueron a buscar, porque viven en Bielsa al 6000, atrás del Centro Comunitario. Eran ocho o nueve. En el grupo iba hasta la madre de uno de ellos. Algunos llevaban armas que daban vergüenza. Revólveres atados con alambre. Y del otro lado los recibieron con todo. Uno de esos balazos, en los que hubo hasta escopetazos, es el que mató a la mujer del centro comunitario", relató un vecino en las inmediaciones de Bielsa y Garzón.

Una vida solidaria. El centro comunitario "San Cayetano" funciona hace 28 años. Trabajan con el apoyo de los Salesianos y Cáritas, aunque se reconocen cercanos a las ideas de la Teología de la Liberación. Curas pobres en barrios pauperizados. La referencia para el "San Cayetano" es el trabajo de Edgardo Montaldo, el cura salesiano que desde 1968 lleva adelante trabajo social en el barrio.

Mechi Delgado llegó a Ludueña hace dos décadas desde Avellaneda, en el norte santafesino. En Rosario tuvo tres hijos más. Formó pareja y comenzó a trabajar en su casa de Garzón al 400 bis en un improvisado tallercito de costura. La discapacidad en una pierna de su marido la transformó en el sostén de la familia.

En el "San Cayetano" Mechi trabaja a la par de las otras madres y daba catequesis. El martes alternó cosiendo ropa y a las 14 fue al comedor. "Nos juntamos cuatro madres y comenzamos a empaquetar juguetes que nos donaron porque el domingo hay una actividad con un grupo scout en la plaza Pocho Lepratti (Vélez Sársfield y Liniers). La idea es repartirle regalos a los chicos del barrio por los Reyes Magos", relató Mirta, una de las amigas de Mechi. "Cuando terminamos cada una se fue para su casa y al llegar a la mía me enteré de que a Mechi la habían baleado", contó la mujer entre lágrimas.

Pandemonium. Delgado llegó a su casa, ubicada en un pasillo de Garzón 416 bis, y le pidió a su hijo de 14 años que hiciera un mandado. Enseguida escuchó tiros y salió a ver donde estaba el nene. Corrió unos 30 metros hasta el cruce de Bielsa y Garzón. Los disparos cruzaban desde Garzón a Magallanes. Mercedes pensó que lo mejor era correr hacia el oeste, rumbo a Barra. Entonces un balazo le perforó la espalda y la derribó.

La bala le salió por el epigastrio, es decir por "la boca del estómago". La trasladaron al hospital Centenario, donde ingresó directamente al quirófano. A las 3.30 fue declarada muerta. Su asesinato es investigado por el juez de Instrucción en feria, Alejandro Negroni, y por el fiscal Carlos Covani. En la calle, en tanto, están agentes de la sección Homicidios y la comisaría 12ª.

La ausencia del Estado

En mayo de 2005 el ex intendente Miguel Lifschitz inauguró un playón polideportivo en Bielsa y Magallanes. El espacio tenía entonces la demarcación de canchas de básquet, vóley y fútbol; bancos, mesas de hormigón y forestación. Ocho años después poco queda de aquella postal. El martes por la tarde un grupo de muchachos se enfrentaron allí en un cruce infernal. Mercedes pagó con su vida.

Ayer por la mañana en el centro comunitario hubo abrazos, lágrimas y la promesa de que este caso no va a quedar en la estadística. “¿A qué hora la traen a Mechi? Hay que contar lo que pasó porque estos guachos van a terminar matando a un pibito”, dijo un vecino. “Todos los días salgo a laburar a las 3 de la mañana y voy enfierrado. Yo no se si me van a dar chances, porque estos (los soldaditos) son unos rastreros (para la jerga, el que no tiene códigos), pero se me ponen adelante y los mato. Mirá lo que le hicieron a esta mujer”, exclamó otro hombre.

“Yo vivo cerca de uno de los quioscos de droga y tuve que poner dos árboles en la vereda porque no se podía más. Era todo el tiempo las motos pasando a comprar. Si la intendenta pone cámaras en las esquinas de este barrio se va a sorprender. Jueves, viernes y sábados es un desfile en el que hay de todo: taxistas, policías, ambulancieros, hasta mujeres de 70 años van a comprar droga”, sostuvo otro vecino de Gorriti al 6000.

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