Matan a dos personas y dejan grave a otra en una fiesta de cumpleaños
Una balacera impresionante resonó en el amanecer de ayer en el barrio 23 de Febrero, un racimo de viviendas precarias que se levantan en la zona sudoeste de la ciudad. Fue literalmente una ejecución: más de 30 balazos calibres 30 y 11.25 perforaron una casa de esa barriada y terminaron con la vida de un chico de 18 años que vivía allí y un amigo de 32. También resultaron baleados el padre del joven fallecido, que anoche agonizaba en el Hospital de Emergencias...

Lunes 12 de Abril de 2010

Una balacera impresionante resonó en el amanecer de ayer en el barrio 23 de Febrero, un racimo de viviendas precarias que se levantan en la zona sudoeste de la ciudad. Fue literalmente una ejecución: más de 30 balazos calibres 30 y 11.25 perforaron una casa de esa barriada y terminaron con la vida de un chico de 18 años que vivía allí y un amigo de 32. También resultaron baleados el padre del joven fallecido, que anoche agonizaba en el Hospital de Emergencias, y uno de sus hermanos, un joven de 20 años a quien un proyectil le rozó la cabeza y salvó su vida de milagro. Hasta anoche, los investigadores policiales y judiciales no habían determinado con precisión la motivación del suceso, pero presumían que el violento hecho fue el desenlace de un incidente barrial.
  Todo ocurrió en una vivienda de Liniers 4217, un barrio que construyó la municipalidad al que llegaron once años atrás habitantes de villa Banana. El emprendimiento está ubicado detrás de los complejos Fonavi de Rouillón y bulevar Seguí. A las 5.30 de ayer, los dueños de esa casa festejaban el cumpleaños de la novia de Mauro Vallejos, el muchacho de 18 años que recibió un balazo mortal.
  El festejo se había iniciado a las 8 de la noche del sábado y a esa hora solamente quedaban unas pocas personas tomando cerveza. En la propiedad estaban el dueño de casa, Jorge Conrado Vallejos, de 42 años. El hombre, al que en la barriada lo conocen como Pinky, se gana la vida reparando el pavimento de las calles. También se encontraban su otro hijo, Eduardo, de 20 años, la pareja del muchacho asesinado, y un amigo de los muchachos, Paulo Herrera, de 32.
  Una fuente judicial contó que, al parecer, Eduardo salió a la calle para comprar más porrones y en el trayecto se topó con el agresor, un vecino al que la policía identificó con el apodo de Cuatro y que hasta anoche no había sido localizado.

Primer cruce. En ese momento, reeditaron un entredicho que ya habían iniciado a los puñetazos horas antes esa noche por cuestiones que no fueron precisadas. En la última discusión cruzaron insultos, pero un rato después todo desembocaría en una tragedia. A las 5.30 el Cuatro llegó en un Peugeot 405 blanco a la casa de Liniers al 4200. Según un portavoz policial, lo escoltaban un hermano y otro hombre que se movilizaban en dos motos. Para el vocero judicial consultado, el homicida llegó solamente acompañado por otro sujeto.
  Al parecer, el agresor discutió nuevamente con Eduardo en la vereda de la casa. En ese momento, intercedió Conrado Vallejos para defender a su hijo y un balazo disparado por el contendiente de Eduardo le perforó la cabeza. El hombre se desplomó malherido al suelo mientras Mauro, Herrera y las novias de los hermanos Vallejos observaban atónitos la escena.

Lluvia de plomo. Fuera de sí, el agresor descerrajó una lluvia de balazos mientras los ocupantes de la casa corrían desesperados hacia el interior para protegerse de los proyectiles. Adentro, la esposa de Conrado dormía en una de las habitaciones. “Creemos que el atacante tiró desde la vereda porque la mayoría de los tiros entraron por las espaldas de las víctimas”, explicó el vocero judicial.
  Una familiar de los Vallejos —que prefirió mantener su identidad en reserva— brindó a La Capital una versión similar a la oficial, pero con algunos matices diferentes. La mujer explicó que los atacantes llegaron en una moto y un auto a la casa y preguntaron por uno de los hijos de Conrado.
  “Golpearon la puerta y dijeron que querían hablar con uno de los muchachos. Salió a la calle y detrás de él fue el padre para ver qué pasaba. Uno de los tipos le disparó un tiro (a Conrado) y cuando estaba en el suelo le tiró en la espalda. Los otros parientes se metieron en la casa y los tipos les tiraron”, comentó. A su vez, la mujer admitió que uno de los Vallejos se “había peleado a los puñetazos” con el supuesto homicida.
  Desesperados, algunos familiares subieron a Mauro Vallejos a un auto y lo llevaron al Hospital Carrasco, pero su vida se apagó en el camino. Los otros heridos fueron trasladados al Hospital de Emergencias, donde murió Herrera a poco de llegar. Conrado Vallejos anoche estaba internado en estado desesperante en ese centro asistencial mientras que Eduardo salvó su vida de milagro: un proyectil le rozó la cabeza.

Hallazgos. Tras el suceso, la sección Homicidios y agentes de la comisaría 19ª realizaron allanamientos en busca de los atacantes, pero no los localizaron. Lo que sí encontraron fueron los vehículos en los que se movilizaban los sospechosos. En una casa situada en la calle 1804 al 4300 hallaron el Peugeot 405 y dos motos, una Guerrero Trip de 110 centímetros cúbicos y una Gilera Smash.
  Anoche, los pesquisas sabían que el homicida había huido en un auto con uno de los cómplices del ataque a la casa de Liniers al 4200. “Creemos que tal vez se escapó a Chaco porque es oriundo de esa provincia y allí puede tener familiares”, comentó el vocero judicial. El portavoz indicó que el supuesto agresor se gana la vida como albañil.
  Pasado el mediodía, la vivienda de Liniers al 4200 lucía deshabitada. Los familiares de los Vallejos no estaban. La propiedad es humilde. En la parte delantera se levanta una casa de material y arriba de ésta un altillo. Un pasillo lateral desemboca en un rancho de chapa. Ropa tendida, un gato, un perro y el televisor encendido en una pieza trasera completaban el paisaje.
  El frente de la casa está decorado con un escudo pintado con los colores de Newell’s, una corona y una leyenda que reza “Presos de tu Ilusión”. Poco después, en la comisaría 19ª, una de las hijas de Conrado Vallejos se excusó de hablar con este diario, con los ojos enrojecidos por el llanto.