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Masivo reclamo contra el gobierno y a favor de Justicia independiente

Contra Cristina y el gobierno, por una Justicia independiente y en repudio a la corrupción. Esas fueron las principales consignas coreadas por la multitud y escritas en la infinidad de carteles y...

Viernes 19 de Abril de 2013

Contra Cristina y el gobierno, por una Justicia independiente y en repudio a la corrupción. Esas fueron las principales consignas coreadas por la multitud y escritas en la infinidad de carteles y cartelitos que se dejaron ver en el Monumento Nacional a la Bandera, como nuevo mojón de los cacerolazos de protesta.

Miles de rosarinos volvieron a cumplir lo que es casi un rito a la hora de protestar contra determinadas políticas del gobierno nacional y llegaron a la convocatoria munidos de cacerolas, banderas y banderitas argentinas, leyendas y alegorías contra Cristina y los dirigentes K más icónicos.

Esta vez, casi nadie se acordó del cepo cambiario y las restricciones al dólar. "Basta de corrupción. Queremos Justicia independiente. Respeten la constitución", fue la trilogía preferida de los manifestantes. Alrededor de esas consignas no faltaron quienes se produjeron para la ocasión. La "Señora Justicia" se dejó ver en los ropajes y ornamentos de una mujer de mediana edad que hizo las delicias de los fotógrafos que se congregaron en la punta del Monumento, bien adelante de la multitud.

Un grupo de caceroleros dejó ver sus pecheras blancas con letras negras, en las que priorizaban las demandas más sonadas, al tiempo que una gran bandera dejaba leer en letras rojas: "Cuando los que nos representan pierden la vergüenza, los que obedecemos perdemos el respeto".

No había consignas orales unificadas, ni políticos visibles. Estaban los que entonaban "hay que saltar, el que no salta es de los K" y también los que pedían "que se vayan". Una mujer de mediana edad se acercó al cronista y prefirió tomar distancia: "Yo no quiero que Cristina se vaya antes de tiempo, quiero que cambie".

El nuevo capítulo de reclamos puso en foco a los integrantes del Poder Judicial. Los jueces fueron blanco predilecto de quienes portaban carteles. "Señores jueces, si no hay Justicia, las cacerolas serán contra ustedes", se leía en una pancarta escrita entre arabescos. También tuvo su turno la polémica reforma judicial lucubrada en Balcarce 50. "No a la impunidad. No a la reforma judicial", se leía en la pintura de un rugoso cartón.

Las esquinas cercanas al Monumento oficiaron como puntos de encuentro de grupos familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos. Se discurría allí sobre el escándalo del lavado de dinero que involucra a Lázaro Báez y sobre los personajes del momento: los maridos de Karina Jelinek y de Illeana Calabró. Los teléfonos móviles eran el instrumento preferido para organizar los sectores de preferencia alrededor del omnipresente Monumento Nacional a la Bandera.

También hubo carteles destinados al periodismo. "Nos mean y la prensa K dice que llueve oro", decía uno de los más ingeniosos. Entre sonrisas, los manifestantes se arremolinaban y apuntaban sobre la amplia paleta de géneros y especialidades de los portadores de micrófono. Desde Rial y Ventura hasta Víctor Hugo Morales. Se paseaba orondo por allí Jorge Lanata, inmortalizado con una foto en el fondo de una olla de teflón.

Cuando los relojes dieron las nueve de la noche apareció el momento más unificador. Unos y otros cantaron el Himno Nacional con frenesí. Fue el único instanre en el que no sonaron las cacerolas.

Sentada sobre un cordón de la vereda sobre calle Córdoba, un hombre mostraba con orgullo lo que había elaborado con sus propias manos: un collage de fotos y leyendas que partía desde Cristina y se entrelazaba con referencias nacionales del gobierno hasta llegar a dirigentes santafesinos del kirchnerismo. A su lado sonaba, estridente, un cencerro.

No estuvo ausente el reclamo por más seguridad. Al tiempo que se levantaban carteles que reclamaban contra la corrupción y la injusticia, una pancarta recordaba a Leandro Zinni, una de las tantas víctimas de la inseguridad.

La desconcentración de la multitud fue como toda la actividad: pacífica, armónica, sin desbandes. A las 22 todos los bares cercanos al Monumento lucían completos, repletos de gente dispuesta a cerrar una jornada de protesta contundente. La noche ya ofrecía una luna intensa.

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