Viernes 26 de Julio de 2013
Más de un millón de jóvenes llegados de todo el mundo, en una impactante ceremonia en la playa de Copacabana llena de símbolos, música y color, dieron la bienvenida anoche al Papa Francisco, quien llamó a los peregrinos a sumarse a la "revolución de la fe" y no dejarse tentar por "el tener, el dinero y el poder".
Francisco llegó al escenario central montado sobre la playa más famosa de Brasil a bordo del papamóvil, luego de haber recorrido unas 30 cuadras por la avenida Atlántica, despertando grandes muestras de pasión y alegría entre los peregrinos que lo vivaban como si fuera una estrella de rock.
En el trayecto, Jorge Bergoglio besó niños, tomó un mate que le dio un joven peregrino y hasta intercambió su solideo con otro que le acercaron, reafirmando el vínculo de cercanía y calidez que ya le hizo ganar el corazón de quienes participan de la Jornada Mundial de la Juventud.
"Esta semana, Río se convierte en el centro de la Iglesia, en su corazón vivo y joven", expresó el pontífice en un saludo de apertura que leyó íntegramente en castellano.
También hizo referencia a las malas condiciones climáticas que vienen azotando a la ciudad desde el lunes —lo que obligó a cancelar la vigilia y la misa de cierre en Guanabara—, al afirmar que "la fe es más fuerte que el frío y la lluvia".
"He venido también para ser confirmado y contagiado por el entusiasmo de la fe de ustedes", les dijo, ya que "los problemas y dificultades de la fe del obispo puede entristecernos, y qué feo es un obispo triste".
Seguido por un profundo silencio de parte de las decenas de miles de jóvenes, Francisco expresó que "la fe lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios".
Al inicio de la ceremonia, apenas subió al escenario, comenzó el musical "Río de fe", con la participación de 250 jóvenes que con imágenes y actuaciones presentaron a la "ciudad maravillosa" a través de la devoción de su pueblo y su fe católica.
Luego subieron al escenario las banderas de los 175 países participantes de la jornada y cinco jóvenes en representación de los cinco continentes saludaron al papa, que tiernamente los estrechó en abrazos y los besó en la frente, rechazando las reverencias con la que los chicos.
Tras los espectáculos musicales se inició una ceremonia litúrgica con la lectura del Evangelio de Lucas y culminó con una oración universal en portugués, italiano, español e inglés, el rezo del Padrenuestro y la bendición final de Francisco a los jóvenes.