Jueves 28 de Marzo de 2013
No es mi objetivo hablar de la inoperancia que tiene la policía rosarina, pero sí me interesaría elevar una reflexión hacia la continua violencia futbolística. En un mundo donde a diario ocurren hechos de inseguridad, el fútbol debería ser un momento de recreación y alegría. Las canchas tendrían que llenarse de gente con ganas de ver a su equipo y aceptar los resultados pese a la bronca y enojo cuando se pierde. Las causas por las cuales ocurren estos hechos son múltiples, pero pienso que las consecuencias son aún mayores y de real gravedad: gente herida, muertes, niños que se asustan y lloran, y podría seguir con la corrupción, las quejas violentas hacia los técnicos y jugadores que terminan mal. Pero llegué a la conclusión de que la violencia va de la mano de la ignorancia. La ignorancia de aquellos que lastiman sus cuerpos y los de otros, generando disturbios en las tribunas, sin que esto logre solución alguna. La violencia no es la solución, ni el fútbol es el problema.
Diamela Perisutti