Lunes 17 de Diciembre de 2012
Si bien no comparto la violencia en ninguna de sus formas, comprendo que los disturbios realizados por un grupo de gente en la casa de Tucumán, sita en la Capital Federal, el miércoles pasado, es un resultado de la impotencia y el hartazgo que sentimos todos por vivir en un marco de injusticia permanente. Respecto al fallo del juicio, no entiendo cómo el tribunal no encontró evidencias probatorias en todo lo expuesto en el transcurso del mismo, según lo expresó el juez Piedrabuena. Y me parece insultante, el hecho de menospreciar los testimonios brindados por las jóvenes que declararon. Por lo que considero que los juicios deberían ser televisados, si no todos, por lo menos los de mayor gravedad y repercusión nacional, ya que esto animaría también a otras personas a atestiguar en los distintos casos que se traten, de modo de dar más fuerza al testimonio personal, muchas veces decisivo y fundamental para llegar a la verdad de los hechos. No olvidemos que es algo común en los juicios, el maltrato, el acoso y el abuso que sufren de parte de los acusados y de sus abogados defensores, quienes declaran como testigos a favor de las víctimas. Y esto no debe pasar desapercibido ante la opinión pública. Como ejemplo, recuerdo que en el primer juicio del caso María Soledad Morales, anulado por infinitas irregularidades, incluyendo traición entre los mismos jueces (escena televisada en directo a todo el país), cierto día se presentó como testigo de parte de la víctima un ex boxeador catamarqueño, quien expresó: “A mí, por haber sido boxeador todo el mundo me conoce”, a lo que uno de los jueces, con una prepotencia ilimitada, respondió: “Bueno, bueno, no se explaye tanto, yo soy de Catamarca, siempre viví acá y a usted no lo conozco”.
Daniel E. Chavez