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Marina, el ángel que cuida a los chicos en el barrio Acíndar

Vive en una modesta casa al fondo de un garaje. Allí les da la leche a 35 pibes todas las tardes. Ahora logró que vayan a documentarlos.

Domingo 12 de Mayo de 2013

En el pasaje Hutchinson al 4200 (avenida Francia al 3900) la "abuela" Polinaria Marina todas las tardes prepara la merienda para 35 chicos. Los vecinos la conocen porque trabajó hasta jubilarse como portera de la escuela Anastasio Escudero, de barrio Acíndar. Desde hace 10 años es uno de los motores que impulsa el centro comunitario Sagrada Familia y hace dos instaló su propia copa de leche. Incansable, ahora lucha por conseguir los materiales para cerrar el lugar donde les sirve la merienda a los niños del barrio y encabeza una cruzada para que todos tengan los documentos.

Vive en una pequeña casilla al fondo de un garaje con su marido, con quien este año cumplió 50 años de casada. Adelante, en el espacio que hay para guardar tres autos, la abuela Marina pone los tablones todas las tardes para recibir a los chicos de la zona.

"Vienen 35 y no anoto más porque no tengo qué darles", confiesa la mujer con el delantal todavía puesto después de haber preparado la merienda. Los chicos llegan en distintos horarios, cuando salen de la escuela. Y no es raro que varios acudan con una botella. Toman la leche chocolatada y le piden a Marina que les llene el envase "para llevarle a los hermanitos más chicos y poder desayunar al otro día", cuenta la mujer. "Los conozco a todos", cuenta la diminuta mujer. "Muchas veces me dicen que no me meta en la villa (qué está junto a la vía del ferrocarril Mitre), que tenga cuidado, pero ¿qué me puede pasar? Yo ando a cara lavada y con la conciencia tranquila de que no está mal lo que hago", declara segura de sí misma. Todos los días recorre los pasillos de la villa viendo qué necesitan los chicos, si comen o no, si tienen ropa, si actualizaron el documento. “Cuando yo me meto no me hacen nada; al contrario, a mí los chicos me acompañan”, cuenta risueña.

“La gente no se va a hacer los documentos porque cuando vas al Registro Civil te dicen que llames al 0800, donde nunca te atienden; o te piden que accedas por Internet, pero no todos tienen acceso a una computadora. Además, siempre tenés que pagar”, cuenta la mujer.

Tiene bien ganado el cariño de la gente porque lo que hace es “para los demás”. Esta semana recibió una donación de ropa que empezará a repartir.

La provincia le da la leche y las galletitas. No se cansa de golpear las puertas de las oficinas del Ministerio de Desarrollo Social para conseguir lo que pretende.
Ahora logró que una Traffic del Registro Civil se acerque al barrio para hacer los documentos.

Su historia. Marina nació en Malabrigo, al norte de la provincia. No conoció a su padre ya que murió antes de que ella naciera. Cuenta que vino al mundo de manos de su hermano mayor, que asistió a su madre en el parto. A partir de los cuatro años empezó a trabajar junto a ella en la cosecha de algodón. Y a los 13 se casó. Todavía se sonroja cuando lo cuenta. “Cumplimos 50 años de casados”, dice con emoción.

Se vino a Rosario con su marido y dos hijos porque en el norte provincial no había más trabajo. Con el tiempo consiguió emplearse como portera en la escuela de barrio Acíndar, y cuando se jubiló se fue a ayudar como voluntaria al Hospital de Niños Zona Norte. “Allí cosía ropa para los chicos y tejía”, recuerda.

Más tarde trajo a su madre desde Malabrigo y la cuidó en su casilla de la zona sur hasta que murió. En la conversación con La Capital la nombra varias veces. “Ella me enseñó a respetar a los demás y eso es fundamental”, explica y se pone seria. “Yo no uso a la gente, no hago este trabajo por ningún partido político, aunque sé que tal vez con lo de los documentos algunos se van a aprovechar”, reconoce.

Ella vio pasar a muchos políticos, que caminaron el barrio antes de las elecciones. “Después desaparecen”, cuenta y recuerda que cuando comenzó con la copa de leche, al poco tiempo los chicos dejaron de ir.

Cuando fue casa por casa a buscarlos y les preguntó por qué no iban más, ellos respondieron sencillamente que no lo hacían porque pensaban que no les iba a dar más la leche pasados ciertos meses.
Evidentemente se habían acostumbrado al clientelismo político, algo que esta mujer desprecia.

Varias veces la tentaron para que hiciera un piquete. “Buscáte unos guachos y otros viejos y hacé un piquete, vas a ver que conseguís de todo”, le dijeron, pero ella se negó siempre: “No me gusta que usen a la gente”, afirma y frunce el ceño .

Tiene cuatro hijos, 14 nietos y 3 bisnietos. Todos están felices con la tarea solidaria que realiza Marina, y la miran orgullosos.

La mujer sueña con poder cerrar el lugar donde da la copa de leche para que los chicos no salgan empapados los días de lluvia y no se mueran de frío durante el invierno. Y aclara decidida: “Lo que sea por los chicos, yo lo voy a hacer”.

Movida solidaria en Facebook

En esta ciudad hay gente que de manera solidaria y muy anónima se encarga de dar una mano a quienes más lo necesitan. Y con ese objetivo surgió en Facebook el sitio “Te doy una mano”.

Allí La Capital se enteró de la existencia de la “Tía Marina” y su gran labor social. Pero hay muchas historias más y se puede colaborar ingresando en esa página en la red social.

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