"Maricón": una obra para hacer brillar "las libertades multicolores"
El coreógrafo y bailarín rosarino León Ruiz contó cómo es la propuesta que presentará este viernes y sábado en el teatro del Parque de España

Miércoles 19 de Octubre de 2022

Lo que pretendía ser un insulto, fue transformado en arte. Así le ocurrió y lo cuenta el coreógrafo y bailarín rosarino León Ruiz, intérprete y director de “Maricón”, la obra que se presentará como parte del ciclo Descarriadas, las artes escénicas expandidas y que se podrá ver este viernes y sábado, a las 20.30, en el teatro del Parque de España (Sarmiento y el río). Las entradas están en venta en el teatro, de 15 a 19, y en www.1000tickets.com.ar.

“Maricón” se podría definir como una obra en la que confluyen distintas disciplinas, un espectáculo dinámico en el que “habita la desfachatez, el drama, la complicidad, la vulnerabilidad y el humor”, adelantó el artista. “Si pudiera definirla, diría que es una urgencia. La obra claramente es un híbrido entre la danza, el teatro y la performance, donde el público no sólo se dispone a observar desde su butaca, sino que también recibe objetos que pueden ser compartidos entre los demás espectadores y donde la danza, el zapateo, los monólogos, el universo audiovisual, las grabaciones y distintas sonoridades realizadas en el momento te transportan a universos personales, colectivos, de la infancia y del presente, para continuar reflexionando sobre las problemáticas que aún hoy, las disidencias sexuales continuamos padeciendo”.

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En ese sentido, añadió: “Es un boicot contra toda heteronorma que intente destruir las libertades multicolores. Un zafarrancho, porque habita la desfachatez, el drama, la complicidad, la vulnerabilidad y el humor. Y al mismo tiempo deja en evidencia lo desastroso y lo dañino que pueden ser con nuestra comunidad por amar diferente. Un nudito porque es un llamado de atención, una denuncia y una urgencia a todo aquello que hemos naturalizado y que sigue haciendo daño. Un nudo en la tráquea, un nudo por desatar de una buena vez”.

POR UNA PALABRA

Ruiz recordó el origen de la obra se remonta a 2012, cuando alguien lo insultó desde un auto. “Mientras cursaba la cátedra de composición en el ciclo trienal de perfeccionamiento en danza contemporánea del Teatro San Martín, en Buenos Aires, un día caminaba por calle Santa Fe y un sujeto me gritó puto desde el interior de su auto, pero al acercarme, subió la ventanilla”, recordó.

“Ese mismo día llegué a la sala y comencé a escribir lo que hoy se titula «Maricón» y que a lo largo de los años ha ido mutando en mi imaginario, pero con el deseo intacto de ser llevado a la escena. En aquel momento, éramos cinco estudiantes. Hoy estoy solo en un inmenso escenario y de esta manera no solo me autodirijo, también vuelvo al rol del intérprete luego de muchos años. Cuando vi la convocatoria del CCPE Descarriadas, las artes escénicas expandidas, no dudé en postular”.

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“Yo tomo parte de mi vida, de mi infancia y de mi presente, llevándolo a la escena y de esta manera dialogo en torno al bullying, la discriminación por orientación sexual", dijo Ruiz.

Entre otros temas, Ruiz indicó que uno de los objetivos en la obra era abordar “las problemáticas de odio y discriminación que padecen las disidencias sexuales”. Por eso, el trabajo evoca algunas experiencias propias en escena: “Yo tomo parte de mi vida, de mi infancia y de mi presente, llevándolo a la escena y de esta manera dialogo en torno al bullying, la discriminación por orientación sexual, a los crímenes de odio, a las agresiones que el colectivo LGBTYQ+ continúa padeciendo en un contexto de conquista de derechos, pero con una sociedad que se toma sus tiempos para reflexionar y modificar conductas aberrantes”, explicó.

EL PODER TRANSFORMADOR DEL ARTE

“Mi rol de creador es para con el pueblo”, continuó y añadió: “Por este motivo hago «Maricón», porque considero que el arte tiene ese poder transformador que viaja hacia la fibra interna, que nos hace vibrar, que nos destartala, que nos da una cachetada y nos convoca a la reflexión. Y es allí, donde quiero llegar, al momento de la reflexión para dejar de repetir mecanismos que dañan las infancias, las adolescencias y a quienes queremos amar en libertad, sin temor a que nos insulten, golpeen o nos maten por ir de la mano con quien amamos”.

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Ruiz dirige la Compañía Rosarina de Danza Contemporánea y se dedica a la docencia para niños, adolescentes y adultos. Es egresado del ciclo trienal de perfeccionamiento del Teatro San Martín, de Buenos Aires, como así también del Instituto Superior de Danzas Isabel Taboga de Rosario. Como profesional formado en la ciudad, destacó la intensa actividad del sector: “Rosario tiene bailarines en todas partes del mundo. Rosario tiene dos escuelas maravillosas de danza públicas y un terciario con carrera docente en danza, cientos de escuelas, centros culturales, clubes y espacios autogestivos independientes que desarrollan la danza como arte. Rosario tiene miles de trabajadores de la danza, docentes, directores, coreógrafos, intérpretes, técnicos, vestuaristas, escenógrafos, iluminadores y tantos más que hacen a la labor del mundo la danza”.

“Rosario es gran un semillero”, destacó Ruiz. Sin embargo, señaló: “Rosario tiene un potencial inmenso, pero no existe un marco legal que nos contenga. No contamos con una ley nacional de danza, aún luego de una insistente e intensa lucha que la comunidad viene realizando a lo largo de los años. «Danza es trabajo», y pareciera que aún no lo entienden... Y en estas aguas nos movemos. Hay algo, que nos sigue haciendo mover y conmover y se llama danza, en medio del caos, del humo, de la precarización y de la inestabilidad. Quizás, entra en juego la pasión y es esto lo que siempre y a lo largo de la historia nos ha salvado”, afirmó.