Martes 12 de Marzo de 2013
"Estoy arrepentido de haberle quitado la vida a mi hijo. Mi infancia fue traumática. Mi papá abusó de mí y de mi hermana". Así se expresó, con voz ronca, Mariano Josué Blanco en el inicio del juicio oral que se le inició ayer por haber matado a su bebé de tres meses tras una violenta discusión con su pareja dos años atrás en el barrio Godoy.
La causa puede ser presentada en forma preliminar como un caso de violencia de género a raíz de que la muerte de Jeremías fue el epílogo de una historia de maltratos que la mujer de Blanco dijo haber sufrido de parte del acusado. Pero en el relato del joven de 25 años también aparece una vida marcada por la marginalidad.
"Desde los 8 años anduve solo en la calle", comentó ayer el muchacho imputado de homicidio calificado por el vínculo y amenazas coactivas, y agregó que no tenía DNI y no recordaba en qué año había nacido.
Alegatos. En su alegato inicial, el fiscal Esteban Franichevich se limitó a describir cómo se había desencadenado el violento suceso. A su vez Martín Riccardi, el abogado querellante del Centro de Asistencia Judicial que representa a los familiares del bebé, requirió la pena de prisión perpetua porque el imputado "actuó con conocimiento de sus actos" y descartó que haya actuado en un estado de "emoción violenta".
Por su parte, la defensora oficial Beatriz Antelo calificó de "excesiva" la pena máxima y señaló que debía valorarse como atenuantes "la situación de miseria, la falta de educación y su arrepentimiento". La letrada también sostuvo que el Pacto de San José de Costa Rica —incorporado a la Constitución nacional— determinó que los fundamentos de la sanción penal no pueden ser la venganza sino la resocialización de las personas imputadas y recordó que en 2002 Mariano se había fugado del hogar.
Angustia. El momento más angustiante de la audiencia fue cuando declaró Mónica Canelo, la joven de 17 años madre de Jeremías. Riccardi le pidió al tribunal unipersonal a cargo de José Luis Mascali que pudiera formular su testimonio sin la presencia de su ex pareja. El juez accedió, Blanco fue llevado a una sala contigua y Mónica comenzó su relato dramático y entrecortado.
El 3 de febrero de 2011 Mónica, su madre Marta y sus hermanos pequeños regresaban del dispensario Ernesto Che Guevara y pasaron por lo de una amiga. Al salir de allí se toparon con Blanco. "Estábamos hablando y en la esquina apareció él. Apenas me vio me dijo que iba a prenderle fuego a mi casa y que cuando arreglara el rancho se iba a llevar al nene", recordó.
Para protegerse de Blanco la chica acudió a una pescadería para pedir ayuda. El comerciante le dijo que no tenía teléfono, pero que la comisaría 32ª estaba a dos cuadras. Entonces apareció nuevamente el acusado y los decibeles de la disputa fueron en aumento.
"Empezamos a discutir porque me pedía el bebé. Mi mamá se puso entre él y yo. Me di vuelta, me tiró al piso, nos caímos (con la madre), agarró de las piernas al bebé y lo dio contra el piso", recordó.
Marta recogió al bebé agonizante y se lo entregó a Mónica. Con un automovilista que pasó por el lugar, la chica lo llevó al policlínico San Martín. Desde allí fue trasladado al Hospital de Niños Vilela, pero murió a poco de llegar. Había sufrido un estallido de cráneo.
Tras relatar el hecho Mónica recordó que su relación con Blanco estuvo signada por el maltrato. "Me pegaba y me amenazaba con que iba a prender fuego mi casa. Y me dijo que iba a matar al bebé después de que nos separamos", contó muy angustiada.
Golpes. Luego fue el turno de Marta Canelo, cuyo testimonio sobre el incidente coincidió con el de su hija. Dijo que había denunciado a Blanco en la comisaría 32ª por las amenazas que había sufrido Mónica.
"Una vez le tapó la boca con una frazada, la golpeaba. Ella le tenía miedo porque la amenazaba. Una vez la llevé ensangrentada a la comisaría de la mujer", sostuvo la abuela de la víctima.