Marcha del orgullo heterosexual
Está muy bien que todos seamos iguales ante la ley. El solo imaginar que esto no sea respetado genera temor, por un lado, y enciende la lucha, por otro. La intención es trabajar, escuetamente, el segundo punto...

Lunes 17 de Mayo de 2010

Está muy bien que todos seamos iguales ante la ley. El solo imaginar que esto no sea respetado genera temor, por un lado, y enciende la lucha, por otro. La intención es trabajar, escuetamente, el segundo punto: la lucha por los derechos. Resulta obvio pensar que la persona que siente algo -cuando digo algo puedo decir, deseo, pasión, excitación e incluso amor- por alguien de idéntico sexo, no puede anular su realidad, mutilar sus sensaciones, enmascarar sus percepciones. Entonces, decide luchar. Luchan, digo mejor, pues -a no dudarlo- son muchos y muchas. Muchísimos. Nacidos como mujeres o como hombres, pero atraídos por el mismo género. Así es. Cada cual lucha por él. Correcto, me animo a decir. Ahora bien: ¿qué hay para los que estamos “del otro lado del alambre”, tan o más orgullosos que ellos? Aparentemente nada. Seguir siendo, seguir viviendo tan naturalmente como lo hemos hecho hasta hoy. Pero estimo que sería útil afianzar nuestra existencia. Tipos que nos gustan las minas -perdón, nos encantan, nos fascinan, nos seducen y embrujan- y minas -mujeres, digo mejor- que se enamoran de hombres. ¡De nosotros, gracias a Dios! Que nos aman, nos protegen, nos cautivan, nos dejan “listos” y, esencialmente, ¡nos dan la posibilidad de ser padres! Procrean. Dan materia al amor. ¡Paren hijos nuestros! Elocuente. Listo. Como dijimos al inicio, todos somos iguales. Si algunos avanzan “legalmente” a cierta velocidad, nosotros también debemos avanzar, al menos, a la misma. Por nuestros derechos, pienso. No para pelear, cuidado. Sólo para decir que seguimos estando, y somos nosotros “los distintos”. Por último, debo decir que podríamos convocar a una “Marcha por el orgullo heterosexual”. Pero sería generar enfrentamiento inútil. Inconducente. Si la simple realidad indica que estamos más que orgullosos y lo sabemos, para qué perder el tiempo en marchas. Entonces: inviertan tres segundos para enviar a esta dirección de correo un "Sí" en mayúsculas, todas las mujeres que les encantan los hombres y todos nosotros que -desde el primer “arreglo” adolescente- sólo nos vuelven locos ellas. Sintetizando: las tuercas que les gustan los tornillos y los tornillos que mueren por las tuercas. Es lógico concluir que todo avance tiene un límite: el día que la legítima lucha logre que el Congreso establezca que es “obligatorio”, todos, pero todos nosotros.... nos vamos. ¡Obligatorio no! Por favor. déjennos ser “distintos”.
Desde ya, gracias.


Ricardo Baral Paso, ricardobaralpaso@hotmail.com