Maratón y derechos (II)
El 18 de noviembre pasado, el señor Miguel Urraco, formula en esta sección una serie de comentarios sobre un maratón, que en parte comparto y en parte no.

Sábado 26 de Noviembre de 2011

El 18 de noviembre pasado, el señor Miguel Urraco, formula en esta sección una serie de comentarios sobre un maratón, que en parte comparto y en parte no. Estoy absolutamente de acuerdo en cuando a la necesidad de compatibilizar los intereses y derechos de todos los sectores en general. De un modo específico postulo que la compatibilización tenga lugar entre los de los numerosos automovilistas y los de no menos numerosos maratonistas, priorizando los objetivos más trascendentes de toda comunidad organizada. Ahora bien, la cuestión pasa por ver qué criterios se observan para obtener esos objetivos en su medida y armoniosamente.Con el ánimo de hacer un comentario constructivo, quiero contar mi experiencia personal ya que he participado en maratones en Nueva York, Boston, Chicago, París, Londres, Rotterdam, Hamburgo, Berlín y Vienna, que tuvieron lugar en grandes ciudades, con mayores densidades demográficas que la nuestra y con problemas de ingeniería vial verdaderamente dramáticos. En todas esas pruebas se cortaron calles, avenidas y puentes en sectores neurálgicos privilegiando la realización de este tipo de pruebas pedestres. En las citadas carreras europeas, con mayores problemas de tránsito, se llega a situaciones realmente paradigmáticas, en cuanto a la situación de respeto urbano que se le tributan a estas pruebas, algunas de las cuales paso a relatar. A saber: En París, la prueba comporta el cierre de 42,195 kilómetros. Sin repeticiones, con cortes absolutos de importantísimos túneles, calles y avenidas, como Los Campos Elíseos en la largada y avenida Foch en la llegada, agregando los cientos y cientos de metros cuadrados de los alrededores que quedan que se afectan como base de sustentación organizativa del maratón. Además, se llega a la clausura temporaria de algunas estaciones de subterráneo para contribuir con la organización de la carrera. En Rotterdam, con una densidad demográfica de las más grandes del mundo, pasa lo mismo. Compatibilicemos sí, pero priorizando los valores de mayor significación social. La carrera, a la que alude el señor Urraco, hasta merecería otra importante descalificación: la hora de su realización. Fue una locura que la misma tuviera lugar con la temperatura elevada que tuvimos ese día en el momento de su desarrollo. Si ella se hubiera desarrollado en horas de la mañana, los problemas de tránsito hubieran sido menores y la salud de los atletas hubiese estado mejor preservada. Ah, en este punto, humildemente sugiero, que en general, las carreras de calle tengan sus horarios establecidos en función del valor salud. Es totalmente criticable que en invierno tengan lugar en las primeras horas de la mañana, al tiempo que deberían excepcionarse las de mayor longitud (42,195 Y 21,097 kilómetros) para impactar lo menos posible en la circulación automotor. Un comentario histórico que no puedo dejar de realizar Fidipides no corrió como "un loco" como peyorativamente señala Urraco. El famoso guerrero obró como un auténtico patriota, que al igual que sus camaradas de armas había vencido a un enemigo (los persas), mucho más poderoso y lo hicieron no con demencia, sino con inteligencia y determinismo nacional.

Horacio A. Kapellu