Manual para padres
Le respondo al padre del niño de 10 años a quien desde el balcón de mi casa intenté persuadir de que su hijo no tirara pirotecnia al medio de la calle, pero ante su contestación etílica y...

Viernes 30 de Diciembre de 2011

Le respondo al padre del niño de 10 años a quien desde el balcón de mi casa intenté persuadir de que su hijo no tirara pirotecnia al medio de la calle, pero ante su contestación etílica y falta de criterio, preferí hacerlo por la presente. Cuando le dije que estaba prohibido, me espetó "Decime: ¿dónde está escrito? Además, yo lo estoy mirando". Con mis hijos traté siempre de usar el sentido común y prever situaciones riesgosas. Nunca necesité de ordenanzas que me dijeran qué hacer o no; para ser buenos padres no se necesita un manual. Este señor parece que si no le envían las ordenanzas por correo, no entendiera que las circunstancias peligrosas se pueden prevenir. Cuando me dijo que "lo estaba mirando", pensé que estando a un par de metros de su hijo lo único que podría hacer es llevarlo rápidamente a un hospital. Fue noticia (como otros años) la amputación de los dedos a un chico de 14 años que le explotó un petardo en la mano. Mi mascota inusualmente se subió a la cama, orinó y salió corriendo como un bólido, afortunadamente la encontré temblorosa porque hubo casos de desapariciones definitivas o accidentes al ser atropelladas. Transmitiendo un falso mensaje de "paz" en estas fiestas, la pirotecnia puede afectar a las mascotas, a las aves (a las que les puede producir la muerte), bebés con taquicardias y todo aquél que esté descansando. No hay buena o mala pirotecnia, ni autorizada ni no autorizada, ni pólvora negra o blanca. Todos los productos son nocivos porque producen daño. El peligro radica en usarlas. Pensando en este papá inconsciente amplié el espectro a estos papás que llevan a sus hijos tipo sandwich sin casco en una moto, los que toman revanchas pasionales usando de rehenes físicos y psicológicos a sus hijos, o los que los tienen mendigando por la calle. Concluyendo: todos tenemos un minuto de estupidez, lo importante es que no lo perpetuemos con nuestras acciones y prediquemos con el ejemplo.

Silvia Buonamico