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Mané Garrincha ya tiene su estadio

Dilma Rousseff dio el puntapié inicial en el flamante estadio de Brasilia, que albergará a 71.000 espectadores en la Copa Confederaciones y el Mundial.  

Domingo 19 de Mayo de 2013

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, participó ayer de la inauguración oficial del Estadio Nacional de Brasilia Mané Garrincha, diseñado para atender al cuidado del medio ambiente y que albergará el partido inaugural de la Copa Confederaciones el próximo 15 de junio entre Brasil y Japón.

Además de la mandataria, que dio un simbólico puntapié inicial en el flamante campo de juego —el quinto inaugurado de los seis que recibirán partidos durante el certamen—, participaron de la ceremonia el gobernador de Brasilia, Agenelo Queiroz; el ministro de Deportes, Aldo Rebelo; el presidente del Senado, Renan Calheiros; y el gerente ejecutivo del Comité Organizador Local (COL) de Brasil 2014, Ricardo Trade, entre otras autoridades.

El estadio, con capacidad para 71.000 personas, atiende diversos parámetros de cuidado del medio ambiente, lo que lo convierte, según lo calificaron las autoridades, en un estadio ecológico cuyo diseño arquitectónico respeta además las líneas curvas plasmadas en toda la ciudad por su creador, el fallecido arquitecto Oscar Niemeyer. Entre otros aspectos, la construcción del estadio prevé el aprovechamiento de la energía solar y del agua de lluvia, y ostenta mecanismos que ayudan a absorber, y por tanto disminuir, la cantidad de gases contaminantes de la atmósfera.

“El mundo está sufriendo grandes problemas de cambios climáticos, costos elevados de generación de energía, riesgo de falta de agua. Todo eso incidió en nuestros trabajos”, dijo el arquitecto Vicente de Castro Mello, responsable por el proyecto.

En declaraciones al portal G1 de la red Globo, Castro definió al nuevo estadio como una construcción “ecológica y económica”, que busca minimizar el impacto ambiental a un costo de mantenimiento mínimo.

Por ejemplo, con el objetivo de ayudar a reducir los gastos con equipamientos para refrigeración y ventilación del estadio, algo fundamental en una región de clima tropical como es la capital brasileña, la fachada es abierta entre el techo y las tribunas, lo que permite la circulación de viento dentro de la cancha, mientras que el área cubierta, de 68.000 metros cuadrados, mantiene el estadio con sombra, lo que reduce el volumen de calor absorbido por sus paredes.

Asimismo, la envolvente del estadio está fabricada con una membrana de origen japonés, hecha de dióxido de titanio, que ayuda a retirar los gases contaminantes de la atmósfera y combate la acumulación de polvo y otras suciedades, facilitando su mantenimiento.

Con forma curva y atravesada por canaletas, esa cobertura está diseñada para captar el agua de las lluvias, abundantes en el verano de Brasilia, y conservarla en enormes recipientes para ser usada luego en los baños y otros servicios de limpieza del estadio.

Por último, para captar y optimizar el uso de la energía solar, el nuevo estadio contará a partir de febrero próximo con una usina de energía solar, mediante la instalación, en el techo, de 9.000 placas fotovoltaicas con capacidad estimada de producción de 3,2 millones de kilowatt-hora por año.

Además de su diseño innovador y sus 71.000 plazas, el Mané Garrincha posee cuatro vestuarios, un estacionamiento externo con capacidad para 7.848 vehículos y uno interno con 572 lugares; unos 40 bares y más de diez puestos de comida al paso; 20 ascensores y 16 escaleras mecánicas.

El nuevo estadio tuvo ayer mismo su primer choque, entre los equipos locales Brasiliense y Brasilia. Para el choque de los rivales de la capital, se utilizó sólo el 30 por ciento de su capacidad. El primer encuentro a estadio lleno será realizado el próximo 26 de mayo, cuando jueguen Santos y Flamengo, en la fecha inaugural del Campeonato Brasileño, conocido como Brasileirao.

Para llegar a su festiva inauguración, el “coliseo de esta nueva Roma”, como calificó al nuevo estadio el ministro de Deportes, pasó por algunos percances, como atrasos en las obras que aplazaron su inauguración, prevista en un comienzo para diciembre de 2012; sospechas de irregularidad en las licitaciones vinculadas a su construcción, y un considerable aumento de su presupuesto inicial, estimado inicialmente en 745,3 millones de reales (unos 372,65 millones de dólares), y que según el último informe del Tribunal de Cuentas llega al día de hoy a 1.200 millones de reales (unos 600 millones de dólares).

Con todo, la obra todavía no está totalmente finalizada, puesto que faltan los últimos detalles para terminar algunos sectores de circulación en el interior del campo de juego, y resta concluir el acabado del entorno del estadio.

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