Domingo 19 de Febrero de 2012
Hace poco más de dos meses, mi hermana finalizó su ciclo lectivo terciario, y como muchos estudiantes que en verano tratan de emplearse en busca de unos pesos, concurrió a dejar currículums en varios locales del shopping Alto Rosario. Grata fue su sorpresa al ver que en unos pocos días recibió numerosos llamados, de diversos locales, de los cuales uno de ellos llamó insistentemente durante algunos días hasta conseguir que mi hermana desistiera de otro lugar, y en busca de una supuesta mejor condición aceptó finalmente trabajar en este local, ubicado frente a los cines. Ella pudo pasar el examen preocupacional, sin embargo muchas chicas no pudieron debido a problemas en la columna. En pocos días, mi hermana era de las más "antiguas", ya que tomaban chicas nuevas cada semana. A todo esto, había una suerte de encargada, por cierto muy poco experimentada, de apenas 21 años y traída de Buenos Aires para convertir el local en un "régimen militar". Las chicas son apuradas al horario de ingreso para entrar antes del horario, pero a la hora de retirarse el apuro no existe. La misma encargada que exige a las chicas, no es capaz de pararse en la puerta a las 22 y exigir retirarse al cliente desubicado que entra a ver ropa como si fueran las dos de la tarde. Claro, para eso no, no hay apuro para cerrar, ni para retirarse. Ahora entiendo a los trabajadores del shopping, lo que no entiendo son las presiones, los encargados inexpertos y los malos tratos. Mi hermana decidió renunciar y el último día la fui a buscar. Mientras esperaba su salida, veo que ella y el resto de las chicas salieron despavoridas, habían soportado un injusto y soberbio reto en el cual la encargada les advirtió que si ella quería, las hacía quedar hasta las 22.30. No intervine porque no quise demorar a mi hermana ni arruinar sus buenas referencias. Me pregunté una y otra vez quién se creyó para decir algo así. En la puerta del local las chicas le dijeron a mi hermana que era una afortunada en irse de allí, y algunas hubiesen querido correr la misma suerte que ella en ese momento. Tras la renuncia hubo reiterados llamados de mi hermana para tratar de cobrar su liquidación, que recién abonaron el 14 de febrero, un mes después de la renuncia. Ellos pueden exigir, el empleado se tiene que resignar. Para ser encargado hay que tener experiencia, conocimiento, altura, ser buena persona y tener buena educación. Ahora entiendo por qué sonaba tanto el teléfono, porque la gente se cansa y porque la necesidad de trabajar no significa tener que aguantarse ciertas cosas.
Jorgelina Colella