Miércoles 09 de Marzo de 2016
Varias veces escribí denunciando el estado de abandono de las plazas de los barrios de la ciudad, en particular la Tarragó Ros, de 24 de Septiembre al 700 (entre Buenos Aires y Laprida). Alcanza con acercarse y ver la altura del pasto que casi tapa algunos de los bancos, los escombros amontonados de una obra inconclusa, la basura de días, un arenero al que habría que prohibirles la entrada a los chicos del barrio en resguardo de su salud, y así seguiría enumerando. La falta de mantenimiento y limpieza regular ya no habla de abandono o ausencia de cuidado del municipio, sino del maltrato y desprecio a quienes vivimos fuera de lo que se puede mostrar de Rosario en una gran foto de propaganda. No me resigno a que me expulsen de este espacio público querido en el barrio.
Marcela Isaías