Martes 04 de Agosto de 2015
Hace mucho tiempo atrás Don José Pérez Bueno, mi abuelo, me dijo algo que entendí a medias: "Si tus pensamientos rompen el molde, cuídate". Hace poco, en esta sección escribí algunas reflexiones sobre pensadoras, fundamentalismos e inquisiciones. Hoy, en sintonía con aquellos temas y convencido de que los retardatarios por sus rígidas creencias (científicas, políticas o teológicas) siguen vivos y coleando, me permito, a manera de alusión histórica y sin mayores comentarios, transcribir el acta de excomunión de Baruj Spinoza (1632-1677), un filósofo que desde niño cuestionaba el saber que recibía, que fue insumiso en su tiempo pero que pese a esto, luego la humanidad terminó reconociendo y admirando. El acta en cuestión fue leída en la sinagoga de Amsterdam en 1656 pero estimo que su contenido, aunque con matices, probablemente hoy siga vigente para algunos: "Los jefes del Consejo os hacen saber que teniendo noticias hace tiempo de las malas opiniones y obras de Baruj de Spinoza, procuraron por distintas vías apartarlo de sus malas costumbres; y que no pudiendo remediarlo, al contrario, teniendo cada día mas conocimiento de las horrendas herejías que practicaba y enseñaba, y de los actos monstruosos que cometió; y teniendo de ello muchos testimonios fidedignos decidieron, que dicho Spinoza sea excomulgado y apartado de la nación de Israel con el siguiente anatema: con el juicio de los ángeles y los santos, con el consentimiento del Dios bendito, excomulgamos, apartamos y execramos a Baruj de Spinoza con el anatema con que excomulgó Josué a Jericó, con la maldición con que maldijo Elías a los jóvenes y con todas las maldiciones que están escritas en la ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito sea al entrar y al salir; no quiera el Altísimo perdonarle hasta que su furia y su celo abracen a este hombre, lancen sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta ley, borre su nombre de bajo los cielos y sepárelo, para su desagracia, de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento, escritas en el Libro de la ley. Y vosotros que sois leales al Altísimo, vuestro Dios, vivid todos este día. Os advertimos que nadie puede hablar con él ni por obra de la boca ni de la escritura, ni estar con él bajo el mismo techo, ni leer papel hecho o escrito por él". En Argentina algunos lo hubiesen puesto, además, junto a Galileo y a disposición del PEN.
Omar Pérez Cantón