Lunes 20 de Julio de 2015
No sé quién pueda estar leyendo esto, no sé tampoco si alguien lo va a leer en algún momento, quizás el editor que selecciona las cartas, o a lo mejor nadie. Pero, bueno, me hace bien desahogarme y explicar algo que todo el mundo lo sabe pero muy pocos se animan a expresarlo. ¿Cómo se sale de la vida rutinaria, lineal, abstracta, “sufrida”, llena de compromisos a los que no nos gusta asistir pero sin embargo asistimos? (podría seguir con una lista larguísima). Pero no es a esto a lo que voy, ni tampoco pienses que al final de este texto vas a tener la solución, porque si la tuviera te aseguro que no estaría escribiendo esto. Todas las mañanas me levanto y me hago la misma pregunta: ¿de qué se trata la vida? De qué se trata cuando encontraste al amor de tu vida, tenés un grupo de amigas que son como tus hermanas, tenés una familia de oro, tenés un trabajo, tenés salud, y entonces es ahí cuando me vuelvo a preguntar: de qué se trata la vida, si la semana tiene 168 horas, de las cuales 110 aproximadamente son destinadas a dormir y trabajar (significado de trabajar: compartir la mayor parte de tu vida con gente que no elegiste, que te tenés que llevar bien sí o sí porque si no la pasás mal 10 horas al día, y que le tenés que sonreír de lunes a viernes). Si no saco mal los cálculos sobran unas 58 horas para disfrutar con todas estas personas y seres queridos que son parte de nuestra vida. ¿Y entonces? ¿Cómo hacemos? No sé a ustedes, pero a mí no me dan las cuentas. Es una cadena viciosa de la cual no podemos salir, o como dice mi novio, sólo se salvan los hippies. Si optamos por trabajar menos, no vamos a contar con la calidad económica para poder disfrutar, puff que feo lo que estoy diciendo: calidad económica va con disfrutar ¿? Muchos optan por ser apasionados de su trabajo y lo disfrutan 12 horas al día, sin importar que en casa esté su mujer o marido con sus hijos, que se acuerdan los domingos cuando los miran varias veces y se dan cuenta de lo grande que están, pero mientras tanto la vida sigue, el reloj sigue avanzando, la gente se va muriendo y la valoramos cuando ya no está. Hasta a veces nos damos el lujo de ir a visitarla cuando ya no está, a llevarle flores y llorar un rato, así limpiamos un poco nuestra culpa. Entonces, lo ideal sería pasar más tiempo con la gente que apreciamos (si es que realmente queremos), que trabajando, ir a visitar a los muertos cuando están vivos y por sobre todo hacer lo que a uno se le da la gana (en el tiempo que nos quede libre), y el que no lo entiende es porque está nublado en el círculo vicioso de la rutina interminable y este mundo tan comercial. Más allá de las horas que trabajes, de las horas que duermas, a veces la clave se encuentra en hacer lo que uno realmente tenga ganas, compartir las horas (que valen mucho y se van rápido) con las personas que realmente tengas ganas, no te quedes con un “te quiero” o un “te extraño” adentro, decí lo que tengas ganas de decir a quien tengas ganas, a veces desubicarse le hace bien al corazón. Da un paso al costado de este círculo de rutina, no andes a las corridas si no es necesario, aprendé a relajarte por más que siempre llegues tarde a todos lados. Tengo 27 años y recién ahora estoy entendiendo muchas cosas de las que cuando era chiquita pensaba, pero no me animaba a decir. Y no te olvides de quererte y llevarte bien con vos mismo, de ese modo vas a poder salir de ese círculo vicioso. Sólo, a veces, peleá para que ese “a veces” sea eterno.
Mariel Fabucci
DNI 33.562.142
No más críticas a la selección
Después de leer tanto comentario negativo, me vi en la necesidad de expresarme. Hoy después de mucho esfuerzo y trabajo, nuestra selección de fútbol vuelve a perder otra final. Sin duda alguna, como amante del fútbol, esto me llena de tristeza y amargura, nunca sabe bien la derrota, y menos en instancias como estas, donde la gloria está tan cerca. Pero en esta final creo que perdimos mucho más que un partido, no sé, quizás me equivoque, pero creo hoy que como argentinos perdimos el orgullo, o al menos ese orgullo que teníamos finalizado el pasado Mundial y no lo comprendo. He visto tantos comentarios en redes sociales de gente totalmente indignada. Ahora me gustaría poder preguntarles, ¿ustedes qué hicieron? Como siempre pasa en este país, todo el mundo se llena la boca diciendo qué deberían haber hecho nuestros jugadores. Todos tuvimos la posibilidad de representar a nuestra selección, absolutamente todos. Estos muchachos, igual que nosotros, no nacieron jugando, ellos aprendieron como cualquiera pudo haberlo hecho. La diferencia entre ellos y nosotros, es que ellos sí tienen lo que hay que tener. Porque un jugador profesional es pura dedicación, esfuerzo y trabajo. Ellos pasaron toda su vida entrenando y sufriendo para cumplir su sueño, cosa que nosotros no hicimos, y por eso, como fracasados que somos, descargamos toda esa responsabilidad que no asumimos en ellos. Son ellos los que corren cada pelota, a pesar de que los criticamos. Decimos que son unos “pechos fríos” y díganme cuántos de ustedes arriesgarían lesionarse en un campeonato representando gente frustrada que sólo se acuerda de vos cuando ganás, representando gente que sólo espera que vos también fracasés para sentirse menos miserable. Yo no lo haría, sin embargo ellos, ellos si lo hacen. A veces creo que están locos, ¿por qué? Es como inmolarse, y después me acuerdo de cuando era chico, cuando representaba a mi escuela. Siempre perdíamos, decíamos que lo hacíamos por la hora libre, pero lo hacíamos por ese orgullo de representar nuestro lugar, donde pertenecíamos, no importaba si perdíamos, podíamos volver y decir que estábamos orgullosos de representar a nuestros compañeros. Ellos son así, como éramos nosotros de chicos, como éramos antes de ser tan amargos, ellos están más orgullosos de nosotros, los que los criticamos, que nosotros de ellos que sólo nos intentan llevar a la gloria. Quiero decir a quienes no hicieron nada, no desprestigien el trabajo de gente que realmente sí está haciendo algo. Disfruten de su selección, apóyenla y estén orgullosos de ella, porque ellos están muy orgullosos de nosotros.
Martín Fernández
Niñas jugando alegremente
Julia y Sofía juegan entretenidamente. Sofía la dobla en edad a Julia, quien tiene tan sólo cuatro años. Sin embargo, en todo momento se divierten a risa tendida. Ambas se suelen replegar en algún rincón contándose íntimas imágenes, como generalmente hacen todos los chicos a dicha edad. Han tenido suerte, ya que las dos pertenecen a familias que no podrían considerarse carenciadas, en un país como el nuestro donde alguien en el lapso de una semana puede transformarse de multimillonario en mendigo o viceversa. Argentina en el contexto internacional, es un país muy singular a raíz de que sus ciudadanos están signados por lo caótico en todas las circunstancias de sus vidas. El Papa que es argentino y representante de Dios en este mundo no ha podido aún develar este misterio.
Felipe Demauro
Un escritor rosarino
Hace aproximadamente un año que falleció el escritor Jorge Barquero. Todavía recuerdo la primera vez que nos vimos. Nos juntamos a tomar un café en un bar por la calle Mitre. Yo le llevaba mi primer libro de cuentos. Lo vi entrar al bar, con su andar cansino, nos saludamos cordialmente, se sentó frente a mí. Me pidió que le hablara fuerte porque no escuchaba bien. Lo habían torturado con una picana eléctrica y le habían soldado los huesecillos del oído, eso dijo. Por supuesto hablamos de literatura, o mejor dicho lo escuché hablar. Me dijo que había aprendido de Faulkner el manejo de la palabra y de Hemingway a ser preciso y exacto en la frase. Me dijo que en cuento, para arriba y para abajo, la referencia siempre era Borges. Me dijo que la mejor escritora rosarina era Beatriz Vignoli. Aunque sé que me quiso decir después de mí, la mejor es ella. Yo soy escritor y escribo para quedarme, para que no me olviden, por eso tampoco quiero que se olviden de mis amigos, y menos si se trata de Jorge Barquero, un clásico de la literatura rosarina. Los invito a leer Sabiondos y suicidas, Hojas de yerba, La ley de la memoria. Él se sentiría orgulloso y querido, eso sería más que suficiente.
Sebastián Rogelio Ocampo
Entre la vida y la muerte
Hace unos días, en medio de tantas noticias, de tantas miserias humanas,la mayoría de tinte político, apareció una noticia: se realizó en Rosario un exitoso trasplante de corazón. Quizás para aquel que no haya pasado una situación extrema de salud, no le dé importancia. Quisiera dividir esta carta en dos partes, por un lado dignificar la profesión medica, hace siete años tuve un problema cardíaco donde corrió peligro mi vida, y gracias a la pronta atención de mi médico, un tipo realmente increíble que ama la profesión, el doctor Luis Crosa, me derivó al ICR. Es allí donde tomé conciencia de mi situación y fui atendido e intervenido por médicos de una calidad en conocimiento y calidez humana que me llevó a preguntarme por qué esta gente es anónima. ¿Por qué trabajaron y estudiaron en los mejores lugares del mundo y trabajan acá? ¿Por qué un político puede pasar horas frente a una cámara de televisión y no una persona que salva vidas todos los días no tiene su reconocimiento? En segundo lugar, me gustaría instar a la gente a la donación de órganos, es muy duro el perder a alguien tan querido, pero resulta reconfortante el poder darle vida a otra persona. La vida nos pone ante situaciones extremas, esta es una de ellas, pero está en nosotros como donantes y los médicos como puente entre la vida y la muerte.
Hugo Opezzo
DNI 16.830.084
El nuevo Día de la Independencia
Un año antes del bicentenario de nuestra Independencia, los argentinos nos hallamos tratando de salir de la oscuridad a la que hemos ingresado por los desaciertos de varias generaciones de ciudadanos. Estamos divididos en una mayoría disgregada en búsqueda del poder para recuperar la República, y una minoría que detenta el poder desde hace décadas, formada por una secta absolutista, que quiere convertir al país en una factoría al servicio de la corrupción y la demagogia, mediante todo tipo de tropelías, desde desbordes antijurídicos y demagógicos, hasta pretender revisar nuestra historia. Se pone en duda nuestra fecha de declaración de la Independencia, sugiriendo otra diferente a la que fuera instituida como feriado por decreto presidencial de 1826, jamás cuestionada en doscientos años por sucesivas generaciones. Hoy se viven graves problemas de todo orden, que dañan la salud de la sociedad, la democracia y la República, pero para la presidenta no son motivo de preocupación, como sí lo es la fecha de Declaración de la Independencia. Desde Tucumán, por cadena nacional dijo: “Hoy podemos hablar de Independencia en serio”, es decir, que todas las declaraciones y acciones anteriores fueron una cadena de hitos a la que era necesario darle el aporte “glorioso” de su gestión. ¿El nuevo día de la Independencia será el 10 de diciembre de 2003?
Emilio Zuccalá