Martes 14 de Octubre de 2014
La joven paquistaní Malala Yousafzai y el indio Kailash Satyarthi, activistas por los derechos de los niños, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz. Ambos fueron premiados "por su lucha para evitar que los niños y jóvenes sean explotados y en favor del derecho de todos los niños a la educación". En este momento que los valores e ideales están tan subestimados, es imprescindible reconocer los méritos de estos luchadores. En esta ocasión, quiero distinguir a Malala. Nacida el 12 de julio de 1997 en la ciudad de Mingora, Pakistán, adquirió notoriedad al escribir un blog para la BBC utilizando el seudónimo de Gul Makai. En dicho blog denunciaba las atrocidades sufridas bajo el régimen del Tehrik-i-Taliban (TTP), que ocupó militarmente el valle del río Swat, matando a muchos de sus habitantes, destruyendo las escuelas y prohibiendo la educación de las niñas entre 2003 y 2009. El 9 de octubre de 2012 fue víctima de un atentado en Mingora cuando dos miembros del TTP subieron al autobús escolar en el que se encontraba Malala y le dispararon con un fusil, alcanzándola en el cráneo y en el cuello. El entonces portavoz del grupo terrorista, Ehsanullah Ehsan, afirmó que volverían a intentar matarla y reivindicó el atentado en un comunicado en el que reiteraban que la "sharía", que está en contra del modelo educativo secular, les obligaba a ello. La joven fue internada en un hospital de Gran Bretaña, donde le extrajeron una bala que tenía alojada en el cuello, cerca de la médula espinal. Tres meses y medio después, fue dada de alta aunque prosiguió con la rehabilitación y tuvieron que implantarle en el cráneo una placa de titanio y también un dispositivo auditivo en el oído izquierdo. Desde entonces, Malala vive en la zona de West Midlands de Birmingham donde su padre ocupa el puesto de agregado de Educación del Consulado de Pakistán. El 4 de febrero hizo su primera intervención pública tras el atentado anunciando en un video la creación de un fondo de ayuda para la educación en su país. Esta joven de 17 años nos ha dejado una enseñanza: como una gran maga transformó esa bala asesina al atravesarla, en una paloma de la paz. Su entereza e ideales convocaron al mundo en su elección consiguiendo los fondos de ayuda para su país. Su magia es ejemplo para todos los países retrógrados que por extremismos políticos religiosos y sociales, menosprecian el valor de la mujer en la lucha por sus ideales y la importancia de la educación en el logro de sus objetivos. Mientras, en Oriente, crecen las amenazas del fundamentalismo que espera dar su zarpazo a la libertad de occidente a la que considera inmoral y decadente, con su disfraz de misión sagrada para combatirlo y eliminarlo. Malala logró la magia de las luciérnagas al brillar en la oscuridad del fanatismo.
Silvia Buonamico