Martes 27 de Octubre de 2015
Ante todo, quiero dejar expresado que no tengo nada contra los puestos callejeros donde mucha gente se gana la vida diariamente. Al aproximarse el cumpleaños de mi sobrino, me acerqué a una de las jugueterías más importantes que tiene la ciudad. Me dirigí al centro comercial de zona sur y fui directamente a Gulliver, donde miré los juguetes uno a uno y calculaba lo que podía gastar. Terminé comprando un auto a baterías que emitía sonido y se prendían las luces. Lo compré al contado y se lo llevé para el cumpleaños. Al otro día me llamó la madre y me dijo que el auto había venido sin el lugar para ponerle las pilas, funcionaba a una mala fricción, no hacía sonidos ni prendía las luces. Fui al local donde lo compré y la vendedora me dijo que los chinos los hacían así para abaratar costos, que fuera a la casa central donde me solucionarían el problema. Allí me atendió un tal Javier, le dije que quiero un auto con todo lo que indica la caja y por el precio que pagué. Pasados varios días, lo llamé y no lo encontré, por lo que fui personalmente. Otra empleada habló con el dueño y le dijo que me devolvieran el dinero. Obviamente le indiqué que me siento estafado por la juguetería.
Adrián Pantusa / DNI 18.030.814