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Macrismo: de la sinrazón al millón de razones

Estable, siempre igual a sí misma, el distrito estrella de la Argentina, la Caba (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), ratificó una vez más que su opción electoral principal no necesariamente coincide con los...

Martes 28 de Abril de 2015

Estable, siempre igual a sí misma, el distrito estrella de la Argentina, la Caba (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), ratificó una vez más que su opción electoral principal no necesariamente coincide con los argentinos del país adentro. El PRO, una centroderecha que rehúye a definiciones ideológicas y que gobierna con matriz liberal, modernista, desarrollista, consolidó ayer su hegemonía en los 200 kilómetros cuadrados de la ciudad, y en todos los barrios, de Recoleta a Belgrano, y de Soldati a Villa Riachuelo. Pasando por el centro geográfico.

Ricos, clases medias altas, medias- medias, ascendidas o estancadas, pobres de toda pobreza, desheredados, en todos esos conglomerados sociales ganó el PRO. Oscilando entre el 41 y el 59 por ciento de los votos, con obvia preeminencia aplastante entre los más ricos de la ciudad.

El PRO nació y se cimenta –aunque lo oculte– en profundas convicciones liberales, y todo su sistema de relaciones políticas mantiene el centro de gravedad en el establishment que durante décadas fue activo partícipe del saqueo de la Argentina. El partido amarillo que voltearía juicios de lesa humanidad –si la sociedad se lo permitiera– no puede disimular el clasismo distintivo de la derecha; sus dirigentes más relevantes siempre actuaron en política en perjuicio de los menos favorecidos. Sin embargo, escapa definirse a sí mismo como partido de centro derecha, y hasta se auto califica como fuerza ¿progresista?

Logros. El gran logro del PRO, entonces, fue construir una fuerza política hoy consolidada, con creciente inserción y beneplácito de los sectores medios urbanos, muchos de los cuales ascendieron a esa posición social a consecuencia de políticas que aplicó el kirchnerismo, y que el PRO rechaza y buscará revertir en el caso de llegar a la Casa Rosada.

¿Las clases medias urbanas son desagradecidas?, ¿no entienden lo que parece una obviedad? Desde ésta columna se postula lo contrario: todos entienden, y saben lo que están votando. Simplemente la perspectiva individualista se impone sobre el criterio colectivo, y algo difuso, de colaborar –por caso, pagando impuesto a la ganancias en salarios medio altos– para mejorarle la vida a “los de abajo”. El paradigma que propone el kirchnerismo.

¿Por qué hay que mantener a los de abajo?, se preguntan con brutalidad amplios sectores sociales porteños (y no solo porteños) que viven incorporados plena y cándidamente a un circuito de privilegio y consumo. El sistema de valores dominante premia a los que llegan y pueden consumir, y no les advierte que no han llegado a ningún lado.

Como en 2007 y 2011, el PRO se acerca al millón de votos, y muy probablemente los termine superando. Anteayer consiguió 880 mil –en un distrito dónde votan 1,9 millones–, para ganar caminando, y de pechito, la Jefatura de Gobierno. ¿Fue voto ideológico o de aprobación a una gestión?

El guión discursivo de Macri, pobre en definiciones políticas, pero muy efectivo para conectar con la mayoría de los porteños, habla del “hacer”, del “venimos bien”. Y el macrismo hizo: optimizó el tránsito con contracarriles en avenidas, creó carriles exclusivos ( Metrobus), construyó con rapidez y efectividad más de una decena de pasos bajo nivel (túneles), abriendo una conexión allí dónde no la había, o suprimiendo pasos a nivel ferroviarios. El macrismo también reparó miles de metros de veredas, convirtió en disfrutables decenas de plazas y parques, (antes abandonadas y copadas por grupos marginales), aun enrejándole los perímetros, y quedándose con la llave que abre y cierra los predios sólo en el horario diurno.

También el macrismo puso una policía bien equipada, la Metropolitana, con aspecto de seria y profesional, que se suma a la Federal, y que hace que muchos barrios de la ciudad tengan niveles de inseguridad realmente bajos.

Luego, el factor ideológico: también gana Macri porque en la Caba hay una tradición antiperonista que viene desde el fondo de los tiempos.

Y principalmente gana Macri y queda tercero el FpV, porque el kirchnerismo tiene pendiente una caracterización adecuada del fenómeno del macrismo, de su profundidad. Y por si fuera poco, al FpV le falta encontrar un candidato.

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