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Macri & la mala praxis

Desde hace mucho tiempo, la Argentina no encuentra el médico apropiado para encarar la cura de sus males. Hace un tiempo, dijeron que el país estaba muy saludable. No era así. Habrá qué ver si ahora aciertan con la medicación.

Miércoles 06 de Abril de 2016

Argentina, pasados aquellos días del 2001, se decidió por consultar un médico. Desde 2003 recibimos asistencia. El grupo K, asumido como clínico y cirujano, atendió al país. Así nos fue.

Ante la auscultación, análisis, radiografías y resonancias el paciente (nosotros) insistíamos. Duele el riñón, molestan los meniscos, no andamos bien de la tensión arterial (alta la mínima) y metabolizamos muy mal las grasas, ni hablar de los hidratos de carbono.

El médico jefe, después la médica jefa daba una palmadita, hacía asistencia retórica, consejitos familiares y a la calle. No pasa nada, todas habladurías, mírese al espejo y mire a su lado. Andamos bien y vamos a ir mejor. Ni muestras gratis. Respire hondo y sea feliz. Viva la patria.

No señor, no era cierto, estábamos enfermos. El bolsillo, pero también la panza, la tensión arterial y las carótidas, los epiplones y hasta el astrágalo y el cuboideo estropeados, impidiendo una caminata como la gente. Nunca una receta magistral, un antibiótico, una radiografía certera o un mínimo centellograma alertador. Ni hablar del tomógrafo. Para qué. A “ojímetro” insistían: sigan que están bien, todos estamos bien.

No hay enfermedad en el país. Son rumores de “la corpo”. El enemigo miente. Uf. El día a día es duro. El caso de mala praxis es tan evidente que nadie se anima a decir que hubo una, una receta acertada. Tan “malitos” estábamos que no hubo aspirina que arreglase el asunto. Nos quejamos de la mejor manera. Cambiamos.

El 10 de diciembre de 2015 cambiamos de médico. Otra vez los análisis. Los diagnósticos fueron/son tremendos. No tenemos un solo órgano sano, estamos enclenques de todo, desde la memoria hasta los intestinos. Todo. Este cuerpo médico, dirigido por un ingeniero, decidió que tomemos todos los remedios juntos, todas las pastillas a la misma hora. Nada de medicina gradual y esperar que hagan efecto con el tiempo los calmantes, los colagogos, los disolventes del ácido úrico y aumente, por fin, el tenor del buen colesterol en sangre. Nada de eso. Tomate todas las pastillas esta noche que mañana vas a estar bien.

Vamos a estar bien. Estás mal porque antes estaba todo mal. El caso de mala praxis también es evidente. No se cura el corazón en una tarde, ni siquiera con cirugía mayor. No somos un motor al que, cambiándole el carburador, lo ponemos en funciones de un día para otro.

El problema es feroz. Antes, al menos, había obra social y mutuales. En este caso las recetas hasta pueden ser las correctas, pero atendidos como particulares y sin descuentos, la consulta es costosa y los remedios son caros, carísimos.

Los argentinos vamos de una mala praxis a la otra. En un caso no acertaban con el diagnóstico y nos mentían. Les creíamos. El 54% de los argentinos le creyó todo la última vez que nos atendió por mutual. Fue en el 2011. En este caso el 51,5% le creyó al ingeniero. Aún le cree. El diagnóstico parece acertado, el remedio y el tratamiento no tanto. Muy poco. Nada. Es el médico elegido en el 2015. Diciembre.

En 100 días vinieron al país especialistas formidables. El italiano, el francés, el yanqui. Gente que antes no venía. Sólo algunos curanderos, como Chávez, o los iraníes, más proclives a los yuyitos que a la medicina occidental, nos visitaban. Los chinos, ya se sabe, son inescrutables. Hasta sus durmientes son inescrutables y sus trenes demasiado indescifrables.

En 100 días hemos descubierto cada cosa… Desde hoteles llenos a pesar de la cuarentena de cenizas, hasta las cuentas lejanas de todos nuestros líderes cercanos. No hay mas secretos en Panamá, las Seychelles y/o El Calafate. No hay más secretos en lado alguno. Están desnudos los que mandan. La misma línea de internet que lleva es la que trae. La misma computadora que almacena es la que exhibe las costillas. Los amantes furtivos se besan en las plazas.

No hemos descubierto el tratamiento para que el frío y el calor nos salgan más baratos, cómodos, accesibles. No han proporcionado el secreto más elemental, llamado cariñosamente “finde”. Cómo llegar al fin de mes es el gran drama nacional. Boletos baratos y comida grata. Educación. Salud sin necesidad de entregar el alma. Ni la vida por CFK ni una enema diaria. Fin de la droga y la corrupción. Ja.

El problema de la mala praxis es que la medicina exige confiar. La relación médico paciente es de confianza. No es sencillo el asunto. No en Argentina. Antes nos robaban la plata de la mutual y los remedios no hacían falta, porque estábamos sanos. No era cierto. Ahora sabemos que no tenemos más plata, ni mutual, que los remedios son caros y no hay medicina alternativa ni oraciones milagrosas. No hay aliento para gritar. Desnudos en la pampa húmeda. No nos arregla ni un injerto de aloé vera. Lejos de Santa Cruz. Lejos de Panamá. Lejos de Balderrama. Dónde iremos a parar. Una sola salida real, posible, ajustada a derecho. Media respuesta en el 2017 y la respuesta final en octubre de 2019. Nunca antes, por el amor de Dios, la Virgen María, el Espíritu Santo y los periodistas de investigación que son, actualmente, los padres de la Patria.

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