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Ludueña: el barrio donde 7 mil almas conviven con la violencia y los narcos

El 40 por ciento de los hogares no tiene cloacas, de noche los colectivos pasan cada dos horas y se multiplican los quioscos de drogas.  

Viernes 11 de Enero de 2013

"Un barrio sin miedo ni violencia". La frase en letras enormes y coloridas cubre una de las paredes de la plaza de Bielsa y Magallanes, donde comenzó el enfrentamiento entre bandas que el martes pasado le costó la vida a la voluntaria de un comedor de barrio Ludueña, Mercedes Delgado. Fue pintada hace unos años por la campaña Mujeres por la Ciudad, para sensibilizar sobre los derechos a una ciudad segura, y es casi lo único que queda en pie en medio del espacio verde, completamente sucio y con yuyos altísimos.

Ayer, las mismas seis palabras se leían en otro contexto. "Es muy triste lo que pasó, los vecinos nos sentimos rehenes de la injusticia y se hace difícil vivir sin temor", se lamentaba Mabel Vargas, responsable del comedor Esperanza de Vida, de Barra al 400, donde almuerzan y toman la leche unos 200 niños. A pocas cuadras de allí, en el Centro Comunitario San Cayetano, de Gorriti al 6000, despedían a Mercedes Delgado (ver aparte).

"Una vecina de muchos años, con la que trabajábamos en conjunto en el barrio y no merecía perder su vida de esta manera", la describió Vargas. El comedor Esperanza de Vida no trabajó ayer ni lo hará en los próximos días, "al menos hasta que la cosa se calme y para cuidar la seguridad de los chicos", afirmaban sus colaboradoras y recordaban que hace poco más de dos meses, en medio de otro enfrentamiento barrial, uno de los jóvenes armados buscó refugio en el comedor, lo que llevó al otro bando a derribar la puerta a patadas y tiros. Todo en pleno mediodía.

"El problema acá es la droga. Los chicos están cada vez más perdidos y nosotros no podemos hacer nada", reflexiona Vargas, como tantas otras mujeres en el barrio que conocen bien los lugares donde se comercializan estupefacientes y llaman por sus nombres a los pibes de cada una de las bandas que operan en el lugar. "Porque cuando eran chiquitos comían acá", apunta la mujer.

Ludueña está enclavado en el noroeste de la ciudad, en una zona donde la frontera del barrio aparece difusa. Los límites de las calles Córdoba, San Nicolás, Alberdi, Junín, las vías del ferrocarril Mitre y Solís, parece la delimitación que suma más consensos.

Esa geografía de casas bajas llenas de rejas, árboles frondosos y calles salpicadas de pozos, casi podría ser casi un ensayo de una ciudad en miniatura. En pocas cuadras conviven casas de familias de clase media con muchos años en el lugar, complejos de viviendas construidos por el Estado y asentamientos irregulares. Todo muy próximo y surcado por dos vías que dejan sus huellas como un navajazo.

Según un relevamiento de la vecinal Ludueña Norte, en esos diferentes territorios habitan unas 7 mil personas. El cuarenta por ciento de los hogares no tiene cloacas y un tercio carece de gas natural. Cuatro líneas de colectivos cruzan el barrio, cuya frecuencia baja ostensiblemente después de las 22 horas y los fines de semana. "Hay que esperarlos entre una hora y media o dos", aseguran los vecinos.

Zona roja. Ludueña carga con otros estigmas, es uno de los considerados "barrios calientes" en materia de seguridad. Quienes llevan más tiempo recorriendo sus calles lo recuerdan como un barrio de trabajo, donde la pobreza era contenida por la "magnífica" obra del sacerdote Edgardo Montaldo, con más de 40 años de trabajo en la Vicaría del Sagrado Corazón de Jesús.

Pero a partir de los 90, algo se quebró. "Y desde hace un par de años, vivir acá se hace muy duro", asegura Jesús Di Giacomo, 42 años, nacido y criado en el barrio y actualmente al frente de la Vecinal Ludueña Norte. "Lo que le pasó a esta mujer le podría haber pasado a cualquier vecino. Las peleas entre bandas son moneda corriente, hay de tres a cuatro por semana", advierte y, como Vargas, pone a la comercialización de sustancias ilegales como la madre de todos los problemas.

"Se roba y se mata por la droga cotidiana. Hay chicos de 10 años trabajando como soldaditos en los búnkers. Donde había canchitas de fútbol ahora hay cocinas de drogas, o búnkers que se tiran abajo y a los pocos días los vuelven a montar", cuenta el vecinalista y aclara que "el problema no son los asentamientos, sino los narcos que capitalizan esas zonas y usan a la gente como mano de obra".

Este año, la vecinal puso en marcha un proyecto para crear una escuelita de fútbol, un intento "de que los chicos tengan algo que hacer, porque otro de los problemas es que, cuando no hay clases, los chicos no tienen nada que hacer", apuntan en el local de Junín al 5000, donde además funcionan consultorios médicos, enfermería y talleres de danza y apoyo escolar, entre otras actividades.

"El tema de los chicos es clave", advierten otros antiguos vecinos del barrio. Y desafían: "¿Sabe cómo se llama la banda más famosa acá?. Los Stuart, por el ratoncito de la película Stuar Little. Son todos unos pibitos, y sin embargo le meten terror al barrio", afirman.

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