Sábado 30 de Mayo de 2009
Algunas personas, en su afán de ganar plata, dejan de lado toda consideración moral básica y son capaces de hacer cualquier cosa con tal de embolsar ganancias. Hace unos años, viendo el proceder de algún gobernante inescrupuloso, solía decirse: "Es capaz de vender a su madre" (y lo mismo valdría para su hijo o su esposa). Pareciera, por otro lado, que todo lo que produce beneficio económico está bendecido por el ‘sistema’, que privilegia el lucro y lo convierte en la meta para toda la humanidad. Sin entrar en la discusión acerca de si la inmoralidad corresponde al sistema o a la persona, el hecho es que nos estamos refiriendo a personas que apoyan el valor predominante de que "hay que hacer plata, y todo sirve para ese propósito". Tinelli es un ejemplo, pues recurre a cuanta cosa cree que le sirve, como quien revuelve el contenido de un basurero. Desnudos, caños, circo, burla mentirosa, manipulación y trato de niñas pequeñas como si fueran "objetos de deseo". Muchos recordarán la noticia periodística de hace unos años sobre un juez inglés que eximió de culpa a un adulto violador, considerando que la nena tenía actitudes insinuantes. Es decir que convertía a un delincuente en víctima de los atractivos exhibidos por una nena de nueve años, haciendo culpable a ésta de la violación que había sufrido. Este es un tema del día, porque precisamente a causa de que abundan los casos de acoso, manoseo y violación de menores, se hacen campañas para prevenir a éstos y enseñarles qué conductas de los adultos pueden constituir una amenaza velada para su pudor o sexualidad. ¿La democracia permite todo? ¿El afán de lucro vigente santifica cualquier tropelía? No lo creemos, y nos oponemos a eso. Si la libertad de mercado significa eso, rechazamos la libertad de mercado. Si la libertad de expresión ampara ese manoseo de la dignidad de las personas, debemos discutir los límites de esa supuesta libertad de expresión.
Héctor Bonaparte,
DNI 6.205.548