Luchamos por nuestra dignidad
La mentira siempre es vil, siempre maltrata, siempre causa daño. Mucha gente miente y a veces uno se acostumbra a que la mentira surja una y otra vez. Inclusive durante el discurso de la presidenta de la Nación aparecían entre los congresales unos simpáticos globitos que rezaban "Clarín miente"

Domingo 11 de Marzo de 2012

La mentira siempre es vil, siempre maltrata, siempre causa daño. Mucha gente miente y a veces uno se acostumbra a que la mentira surja una y otra vez. Inclusive durante el discurso de la presidenta de la Nación aparecían entre los congresales unos simpáticos globitos que rezaban "Clarín miente", y cuántas veces ella y él se quejaron de cuánto daño causaba este medio de prensa mintiéndonos a todos los argentinos y hasta el pobre vicepresidente está ahora mismo en medio de una problemática situación. Todo culpa de una gran mentira en su contra, como él mismo se ocupa de aclarar en cuanto medio de comunicación puede. Pero me pregunto, si tanto mal le hacen las mentiras, ¿cómo es posible que hasta la misma presidenta mienta? Es casi una leyenda urbana, un mito que ha quedado en el imaginario colectivo eso de los "tres meses de vacaciones" que tenemos los privilegiados docentes. Pues bien, yo, desde esta columna los reclamo: quiero efectivamente ¡tres meses de vacaciones! Porque ahora, hablando en serio, y si las matemáticas no me fallan, si el último 29 de diciembre fue la última mesa de examen y entre el 6 y el 15 de febrero (dependiendo de la antigüedad) se produjo el reintegro, a mí las cuentas no me dan tres meses. Me parece que ella también se quedó en otro país. Lo mismo cuando habla de "cuatro horas de trabajo". ¿Miente o acaso desconoce la señora la cantidad de horas que los docentes dedicamos en nuestros hogares corrigiendo evaluaciones, preparando recuperatorios, exámenes, clases, recortando fotocopias, preparando actos alusivos a las distintas fiestas patrias y, ¡cuidado!, que se entienda que esto no es una queja, porque los que nos dedicamos a esto amamos lo que hacemos y no somos malas personas por querer un salario justo. La tercera mentira es que los docentes sólo pensamos en el salario (¿está mal?) ya que somos los que peleamos por una mejor calidad educativa, los que reclamamos escuelas y aulas en condiciones, los que nos alegramos y hasta emocionamos junto a nuestros alumnos por la llegada de las netbook. Por otra parte, ¿lleva tan bien la cuenta de cuántas horas trabajan sus ministros, asesores, diputados, senadores y de cuánto tiempo gozan de descanso y con un sueldo que excede ampliamente al salario docente? Realmente, mentiras tan burdas (¿o burras?) no solo indignan, sino que resultan inadmisibles en una jefa de Estado. Lo único que no logrará es que los docentes sigamos luchando por lo que creemos justo: nuestra dignidad y la jerarquización de nuestra profesión y por lo que amamos: nuestra labor y nuestros alumnos.

Susana Palermo
DNI 12.788.057