Jueves 27 de Agosto de 2009
En todo proceso de socialización desempeñan un rol decisivo dos agentes que, lejos de ser independientes el uno del otro, operan ligados en la compleja adaptación del niño a la trama social en la que deberá manifestarse como persona, en la que deberá concretarse como una dualidad mente-alma. Los agentes socializadores por excelencia son, sin dudas, la familia y la escuela. Pero, ¿pueden adaptarse padres y maestros a las profundas consecuencias que la vorágine histórica siembra en los diversos aspectos de la vida cotidiana? Se transita por "la era de la comunicación" y, sin embargo, ¿no estamos cada vez más alejados del contacto humano entendido como el diálogo y el debate frente a frente, mirándonos a los ojos? He aquí, entonces, una paradoja cruel, alarmante. Primero, la radio fue la inédita amenaza. Luego, la televisión intentaba mutilar las páginas de los libros. A pesar de todo, la educación familiar y escolar salió victoriosa de la contienda frente a dos inventos olvidados, hoy, en un segundo plano. Ahora, el enemigo es poseedor de un poder mayor y, aunque no seamos conscientes de su invasión, domina cada arista de nuestros comportamientos. ¿Podrán, padres y maestros, levantar sus voces por sobre los atronadores chasquidos electrónicos de las computadoras y celulares? Depende de todos alcanzar un desenlace armónico, acariciar un final feliz. Porque, hablando mal y pronto, los aparatos fueron creados para ser nuestras herramientas y no para que nosotros seamos utensilios de las máquinas. ¿Es necesario recordar que una sala de chat jamás llegará a ser tan rica en sensaciones, sentimientos y emociones como lo es la mesa de un bar o la esquina del barrio? ¿Sí? ¿Es necesario? Una lástima, ¡adónde hemos llegado!
Sebastián Isla,
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