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Lucas Matthysse con Ovación en Junín antes de viajar a Cincinnati

No es feriado. Tampoco domingo. Es un día hábil. Pero el silencio y la quietud juegan a las escondidas en Junín, donde la siesta es inquebrantable.

Martes 02 de Septiembre de 2014

No es feriado. Tampoco domingo. Es un día hábil. Pero el silencio y la quietud juegan a las escondidas en Junín, donde la siesta es inquebrantable. El gimnasio Arano sobre la calle Paso tiene las puertas abiertas, pero en su interior los cuadriláteros, las bolsas y los guantes esperan que el reloj marque las 16 para romper la calma. Unos minutos antes de la hora señalada un Peugeot de color negro detiene su marcha. Lucas Matthysse es el primero en descender y detrás de él los integrantes de su equipo. El chubutense, quien el sábado pelea con el mexicano Roberto Ortiz en Cincinnati, camina sonriente y saluda a dos jóvenes que están en la vereda. En su recorrido hacia el interior hace lo mismo con todos. Y agradece la visita de Ovación, tras lo que invita a pasar y presenciar sin restricciones uno de sus últimos entrenamientos previo al viaje a Estados Unidos, lugar al que arribó el domingo pasado. Un ejemplo de sencillez y eliminando cualquier atisbo de protocolo o divismo, como sucede en el fútbol, por ejemplo.

A los pocos minutos ya está sobre el ring junto al resto de los boxeadores que allí entrenan, como uno más. El profe Erbin ordena la rutina de ejercicios físicos y marca los tiempos. El Cuty Barrera habla con los colaboradores y dispone los elementos para la sesión. Látigo Coggi no se puede quedar quieto y recorre cada desplazamiento de los púgiles y les corrige la posición de piernas y brazos. Uno de los púgiles enciende el equipo de música que como un cañón dispara un cuarteto, para luego darle paso a una cumbia que retumba en el gimnasio. Todo está en movimiento. Coordinado y organizado.

Unos pocos privilegiados se sientan en el sector aledaño a la entrada para mirar "al campeón" dicen los lugareños, mientras el apodo de La Máquina comienza a corporizarse cuando se observan las características de Matthysse, quien será seguido por millones de argentinos el sábado a través de la pantalla de la TV Públi ca cuando enfrente a Massa Ortiz.

Uno de los muchachos invita a los enviados de este diario a pegarle con un guante a una bolsa, que ante un impacto ni se mueve. Sin embargo la misma bolsa se zarandea cuando Matthysse y el resto de los boxeadores cumplen con su rutina. Es imposible no imaginar una piña de esa magnitud en un rostro, que por suerte no es el propio.

La primera hora de entrenamiento pasó como un rayo, y a esa altura La Máquina ya cambió varias remeras empapadas por el sudor del esfuerzo. Pero en la segunda hora llega lo mejor. El Cirujano Morales se calza el protector del cuerpo y le colocan las manoplas para recibir los puñetazos de Matthysse. Impresionante la velocidad y la justeza de los golpes. Varios asaltos se consumen y Lucas sonríe como si nada. Por unos minutos de esa preparación muchos ya estarían de cama. Pero faltaba lo mejor. El Cuty reemplaza a Morales con otras manoplas. Mira al enviado de Ovación y por lo bajo le dice: “Trabajó combinación y velocidad, conmigo trabajará potencia”. Claro, la contextura del DT lo explica.

La música parece perder volumen. Pero no. Es que el ruido de los golpes impactan. “Dale, dale, que no duelen”, dice el técnico mientras sacude los brazos luego de cada piña. La suposición de que serían unos pocos minutos se diluye cuando se suceden los asaltos y el chubutense no cesa en su rendimiento. Es tremendo el sonido que parte de cada choque de manos. Cuty lo desafía y Lucas no se amilana. Todos miran. Hasta los otros boxeadores dejaron su tarea para mirarlo. La sensación de dolor es ineludible. Hasta que el entrenador le anuncia el último y Matthysse saca sus manos más duras. Y la conclusión la da el propio Barrera, quien mirando a un costado admite que sintió como una descarga eléctrica en cada piñazo. El profe Erbin lo hace elongar y luego trae un balde con agua llena de hielo. Matthysse pone sus puños adentro. Y habla con Ovación como si las dos horas de intenso trajín hubieran sido un grato paseo.

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