Viernes 23 de Agosto de 2013
Indudablemente, el nacimiento y la construcción de nuestra patria, tuvo capítulos de gloria y hombres gloriosos, cuyo recuerdo en todo momento nos emociona. Uno de ellos, es el caso de Mariano Moreno, de cuyos viajes en la fragata inglesa La Fame (en la cual murió) y en carreta, nos habla magistralmente Félix Luna, en la colección “Grandes protagonistas de la Historia”. En la misma, entre otras cosas, puede leerse lo siguiente: “En cuarenta días de viaje, La Fame apenas había alcanzado el norte de la isla de Santa Catalina. Mareado por el vaivén del navío sobre las altas olas, Moreno recuerda que alguna vez le habían enseñado una manera de contrarrestar el efecto del mareo en un viaje largo e inestable: consistía en fijar la vista en el horizonte. Para tratar de sentirse mejor, entonces, mira en su búsqueda a través de un ojo de buey salpicado de agua salitrosa. Ahora, ese ojo de buey se transforma en la ventanilla salpicada de barro de la carreta que doce años antes lo había llevado más allá de los confines del Virreinato del Río de la Plata, hasta el Alto Perú. Antes de emprender aquel viaje alguien le había aconsejado lo del horizonte. Y gracias a eso Moreno había logrado soportar el viaje, en el que el traqueteo de las ruedas también le había producido un fuerte mareo. Además, el vaivén de la carreta y los saltos producidos por cada uno de los pozos del camino hacían que el pasajero quedara sepultado por las maletas y las provisiones que caían sobre él desde el compartimiento superior. Todo viajaba en la misma caja de madera, que no había sido concebida para ajetreo semejante. Es cierto que Moreno llegó bastante maltrecho a Chuquisaca. En Tucumán se había visto obligado a pasar quince días en cama por causa de los dolores que le provocó un ataque severo de reumatismo. (…) Los viajes en carreta eran penosos. No era de extrañar que se detuvieran en la pampa para permitir que los pasajeros se recuperaran del traqueteo incesante”.
Daniel E. Chávez