Martes 09 de Febrero de 2010
Soy una habitual usuaria del transporte público, ya sea de taxis o colectivos. El miércoles pasado, luego de la tormenta desatada a la noche, comencé a llamar a las 21.15 a un radiotaxi, mientras un familiar esperaba en la puerta para ver la posibilidad de parar uno. De más está decir que nunca pasó ningún taxi y tampoco logré comunicarme con ninguna de las diez empresas a las que llamaba, de las cuales soy clienta en mas de una. Si lograba que no me diera ocupado, se terminaba cortando la comunicación luego de sonar innumerable cantidad de veces. Luego de una hora, siendo las 22.15 y ya hacía rato que la tormenta había pasado, conseguí un vehículo que pasaba por la puerta de mi casa. Conozco cómo se manejan los taxistas, cuando llueve (cuando uno más los necesita), se refugian en las estaciones de servicio a charlar y tomar café, y dejan sin servicio a la gente. Se nota que les sobra el trabajo, no como en los noventa, que rogaban por un cliente, por eso ahora "eligen" cuándo trabajar. Y para agregar más indignación, la tarifa es altísima y piden más aumentos. Señores, yo como empleada no tengo la posibilidad de dejar de trabajar cuando no me gusta alguna situación laboral, les ruego que cumplan con sus servicios. Si buscamos un taxi es por necesidad, si no optaría por el colectivo.
María Celia Zanotti
mceliazanotti@hotmail.com