Los subsidios y el suicidio
Un vecino jubilado tenía un amigo diputado. Me contaba que al visitarlo aprovechaba la ocasión para pedirle "un subsidio" y así mejorar sus magros ingresos. Le costaba pronunciar esa palabra difícil.

Lunes 27 de Diciembre de 2010

Un vecino jubilado tenía un amigo diputado. Me contaba que al visitarlo aprovechaba la ocasión para pedirle "un subsidio" y así mejorar sus magros ingresos. Le costaba pronunciar esa palabra difícil. Este año nuestro gobierno destinó 50 mi millones para subsidiar servicios, sin discriminar entre necesitados y los que no. Y serán 65 mil para el 2011. Probablemente exista relación entre los subsidios al voleo y el suicidio de nuestras expectativas económicas. Ese dineral alcanzaría holgadamente para dignificar las jubilaciones con el 82 por ciento, reflotar la infraestructura ferroviaria y aumentar sensiblemente los planes de vivienda. Se prefiere seguir con este reparto arbitrario de fondos que multiplicó fuentes de corrupción como el Oncaa, no logró mejorar calidad de los servicios quizás sea el lado más cobarde del llamado "modelo", cuya solución siguen postergando, a la manera del inefable Menem y su famosa convertibilidad. Ojalá el periodismo especializado siga escapando a la lógica del hastío que impone todo régimen autocrático (en la que cayó buena parte de los partidos opositores), y siga aportando detalles sobre las graves consecuencias que la política de subsidios traerá a nuestra economía.

Gustavo Micino, DNI. 21.843.876