Domingo 18 de Marzo de 2012
Gustavo Zerbino, 58 años, empresario
"Lo que nos sucedió en la montaña no es ni una tragedia ni un milagro, es un hecho más en mi vida, no es el más importante. Lo que aprendí de esa experiencia es la capacidad ilimitada que tiene el ser humano para resolver las cosas. El amor es la energía que lo mueve, y aquella es una historia de amor. Como también lo fue la actitud del arriero Sergio Catalán, que cabalgó kilómetros y kilómetros para avisar que había encontr ado a dos personas que nunca había visto en su vida. Si no hubiera hecho eso hoy estaríamos todos muertos", señaló.
Fernando Parrado, 62 años, empresario
La suya es una historia que no eligió y que para los demás es más importante de lo que realmente es para él. “A veces me sorprendo de la reacción de la gente ante ciertos momentos de mi vida. Me tocó estar en el peor lugar en que un ser humano puede sobrevivir. En las altas cumbres no había vida, ni esperanzas, ni nada, y salir de ahí no fue fácil. Lo que al principio era una esperanza se transformó en una lenta agonía. Y uno piensa «que se termine de una vez esto, por favor». Pero el instinto lleva a soportar más y más. ”, dijo.
Eduardo Strauch, 64 años, arquitecto y pintor
En pocos meses presentará su libro “Desde el silencio, 40 años después”. Dijo que aún hoy está sorprendido por cómo procesó esa experiencia. “Desde que un andinista mexicano encontró mi saco con los documentos y dinero hace unos años sentí la necesidad de volver a ese lugar. Voy todos los años, a pesar de lo duro de la travesía. Necesito ver la escencia de las cosas, cómo pude nutrirme del horror, conectarme con ese lugar y volver a sentir aquellas emociones tan fuertes, donde lo simple y profundo tenía un enorme significado”.
Ramón Sabella, 61 años, empresario
La experiencia le enseñó a comprender “que no hay imposibles en la vida. Que hay que buscarse los recursos que da la naturaleza para poder sobrevivir. Nosotros con los restos del avión fabricamos mochilas, bolsas de dormir, utensilios, una máquina para hacer agua, hamacas, camillas. La creatividad fue emocionante. Nosotros fuimos condenados a morir ahí en la cordillera y salimos. Hicimos un equipo casi perfecto inspirados en la igualdad, en dejarlo todo por el otro. Allí conocí la fe, la vocación, la unión, la solidaridad y los afectos”.