Edición Impresa

Los sobrevivientes de la tragedia aún enfrentan la difícil tarea de recomenzar

Muchos perdieron el trabajo por las secuelas físicas que les dejó el accidente, les cuesta alquilar y acceder a un crédito.  

Miércoles 06 de Agosto de 2014

Néstor Ferlatti vivía en el 4º E del edificio de Salta 2141. No hay día en que no agradezca haber salido vivo, junto a su mujer y su hijo, de la explosión que hace un año convirtió su departamento en escombros. Y ni bien los tres tuvieron el alta médica, este obstetra de 48 años se puso al frente de la tarea de conseguir un nuevo hogar. En noviembre empezó a tramitar el crédito del plan Procrear, que el gobierno nacional ofreció a los damnificados por la tragedia, pero todavía sigue esperando. Mientras tanto, alquila el departamento que en forma provisoria le prestaron después del siniestro.

La situación de Néstor no difiere mucho de la de gran parte de sus vecinos de Salta y Oroño, sólo que no suelen hacerla pública por pudor o por respeto al dolor de las 22 familias que perdieron a sus seres queridos. Entre las muchas dificultades que transitan desde hace un año, la situación habitacional es una de las más arduas que se le plantea a un centenar de personas que todavía está buscando "empezar de nuevo".

Ese fatídico 6 de agosto, Laura Martín perdió a su abuela. También el departamento que había recibido como única herencia de muchos años de trabajo familiar, donde vivía con su pareja y sus tres hijos. "Por las secuelas físicas que le dejó la tragedia, mi marido no pudo seguir trabajando. Yo llevo un año recorriendo distintas dependencias públicas, dejando sin éxito mi currículum para conseguir un empleo. Lo que cobramos por el seguro del departamento lo estamos gastando en alquiler. Hay un montón de vecinos que están buscando sacar un crédito, pero no tienen recibos de sueldos porque se quedaron sin trabajo, y lo que podían ofrecer en garantía; voló en mil pedazos", asegura la mujer.

Según datos de la Secretaría de Hábitat de la provincia, la explosión de gas generada en las torres de Salta 2141 afectó a unas 230 propiedades. De éstas, 143 viviendas y 13 locales comerciales fueron reconstruidos con fondos del estado santafesino, que también cubrieron la demolición del complejo de 64 departamentos siniestrado y otras diez viviendas de Salta 2133, 2127 y 2123.

Singulares. "La realidad de cada uno de los afectados por esta tragedia es sumamente particular. La mayoría de los que eran propietarios y vivían allí siguen en casas de familiares o alquilando. Lo que cobraron del seguro del consorcio no llega ni a la mitad del valor que tenían sus departamentos, y algunos no quieren endeudarse para volver a comprar. Otros no pueden: perdieron el trabajo o son personas mayores de 60 años", intenta resumir Gonzalo Tellería, vecino del 2º B y gestor de la Asociación Civil 6 de Agosto, que reúne a damnificados del siniestro.

Entre agosto y septiembre del año pasado, el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia entregó unos 7 millones de pesos en subsidios para alquiler y compra de muebles y enseres para los vecinos. El gobierno nacional habilitó una línea de créditos especiales del Procrear de 60 mil pesos para equipamiento del hogar y de hasta 400 mil pesos para comprar o construir viviendas. De acuerdo a datos de la Ansés, ya se otorgaron 45 préstamos por 2,6 millones de pesos. Todos por montos bajos.

Para muchos vecinos, nada de esto alcanza. "Es que no se trata sólo de las pérdidas materiales —advierte Tellería—. Se trata de comenzar de cero, lo más profundo son las secuelas físicas y emocionales que dejó esta tragedia, que por estos días están en carne viva. Cada situación es diferente: hay personas que perdieron el trabajo, que tienen que enfrentar tratamientos médicos sin cobertura social y también está lo económico. Y todo lo que, sabemos, nunca más se va a recuperar".

"Todo se hace cuesta arriba"

Para Gonzalo Tellería, un sobreviviente de Salta 2141, seguir adelante “se hace muy cuesta arriba”. Lo peor, afirma, es convivir con el desamparo que dejó la tragedia. “Da miedo pensar que puede volver a pasar, que nada cambió, que las instalaciones de muchos edificios son obsoletas y que Litoral Gas sigue teniendo que romper veredas cuando hay un escape de gas”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario