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Los roles de la banda que exportaba cocaína a Italia en troncos ahuecados

Habían caído en San Javier, en mayo de 2009, y los condenaron hace 10 días. Los fundamentos

Domingo 04 de Marzo de 2012

"No caben dudas de que los imputados cumplieron dentro de la organización un papel determinado, de envergadura tal que sin su concurrencia no podrían haberse cumplido los objetivos ilícitos de la empresa". Así se expresó el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de la ciudad de Santa Fe en los fundamentos del fallo que condenó a penas de entre 6 y 10 años de prisión a un ciudadano colombiano y a cuatro argentinos por la tenencia de estupefacientes para comercialización y que se conoció en la capital provincial el pasado jueves 23 de febrero, según lo publicó este diario un día después. En un extenso escrito, los jueces María Ivon Vella, Otmar Paulucci y José María Escobar Cello, detallaron cuál fue la participación de cada uno de los penados en la maniobra que permitió exportar a Italia 250 kilos de cocaína escondidos en un tronco de palo borracho ahuecado tras pasar por una base de operaciones que la banda tenía en la ciudad santafesina de San Javier y que fue desbaratada en mayo de 2009.

La historia del clan narco empezó a desbarrancarse el 29 de abril de aquel año cuando en Nápoles la Policía de Finanzas de Italia interceptó la llegada de un contenedor "open top" (que usa una tela de media sombra como tapa superior) en el que era trasladado un tronco de palo borracho ahuecado donde se ocultaban 250 kilos de cocaína. En el procedimiento fueron detenidas seis personas, entre ellas Arturo Luglietto, quien en calidad de arrepentido dijo que "importaba esas especies exóticas para sembrar en residencias de empresarios de su país", y que los envíos eran financiados por el clan Fabbrocino, de la camorra napolitana. Además, detalló el camino que recorría la droga y sostuvo que "en una finca cercana a San Javier, en Argentina, había más droga".

Entonces la Policía de Finanzas de aquel país pidió colaboración a la Justicia argentina y aquí, a 330 kilómetros al norte de Rosario, se desbarató la base de operaciones que el mismo hombre vinculado a la camorra había alquilado un año antes.

Fue el 7 de mayo de 2009, cuando agentes de la Subdelegación Reconquista de la Policía Federal junto a sus pares de la ex Drogas Peligrosas de la provincia de Santa Fe al mando del actual jefe de la fuerza provincial, comisario Hugo Tognoli, y dos funcionarios de la policía italiana que llegaron como observadores, allanaron la finca del paraje Colonia Francesa, a 3,5 kilómetros al sur de San Javier. En el lugar fueron apresados cuatro de los cinco hombres ahora condenados y se secuestraron 89 kilos de cocaína que esperaban ser enviados a Italia.

A partir de las declaraciones de los imputados y las pruebas recolectadas por los investigadores, el Tribunal estableció el rol que cada uno de los sentenciados cumplía en la banda.

El representante. El colombiano Fabián Antonio Marín Hernández era el hombre de confianza de Luglietto en la argentina. Se habían conocido en Bolivia, donde el hombre ya trabajaba para "Alvaro", un narco colombiano que operaba en Santa Cruz de la Sierra. Según el fallo, estaba en la finca de Colonia Francesa porque "el italiano le ofreció trabajar un campo donde debía controlar que estuvieran los paquetes y por lo que le pagaba 2 mil dólares por mes". También se acreditó que fue él quien "desenterró los envoltorios con cocaína y los depositó en la carretilla donde fueron hallados" por la policía en el allanamiento de mayo de 2009. Además, dijeron los juces, "mantuvo una permanente comunicación con el chofer de Luglietto" (un paraguayo apodado Nani apresado en Italia con su jefe) y "con el camionero" que trabajaba para el hombre italiano, a quienes "recibió varias veces en la casa".

El camionero. El cordobés Roberto Carlos Rodríguez Luna, el único que no fue apresado en la finca de Colonia Francesa sino en su casa del Gran Buenos Aires, no sólo "participó activamente en las gestiones tendientes a concretar el alquiler de la propiedad allanada", dicen los jueces tras valorar el testimonio de los dueños de una inmobiliaria en la que se realizó el contrato y que mencionaron la presencia de un hombre "de tonada cordobesa" junto a Luglietto, sino que también era el transportista de la organización. Los testigos aseguran que Rodríguez Luna, apodado Cabrito, "comentó que era el camionero de Luglietto" y que era él "quien le hacía los fletes al italiano".

Otro testimonio que complicó la situación de Cabrito lo brindó una funcionaria de la Dirección Regional Aduanera de Resistencia, que refirió que "la droga había sido colocada durante el traslado de la especie vegetal desde la Aduana de Clorinda (en Formosa) hasta el puerto de Buenos Aires", y destacó que "llamó la atención que las personas detenidas en Italia tuvieron movimientos migratorios simultáneos a Bolivia y Paraguay en una camioneta". También se supo, por "informes técnicos reservados" volcados en el fallo, que Cabrito estuvo en Clorinda el 23 de marzo de 2009, un día después en San Javier y el 25 en el puerto porteño donde el palo borracho cargado de droga fue embarcado hacia Italia.

"Esta intervención de Rodríguez Luna en la operación de exportación de la droga se relaciona intimamente con la tenencia de la droga hallada en la presente causa", dicen los jueces.

El importador. David Gustavo Sagardoy fue apresado cuando, en medio del allanamiento a la propiedad de Colonia Francesa, arribó al lugar en una camionete Isuzu y al ver la presencia policial trató de escapar. Los pesquisas lo interceptaron finalmente en una estación de servicios cercana y comprobaron que el vehíuclo tenía un doble fondo de los usasdos para el transporte de drogas. "Poseía amplia disponibilidad y custodia del material estupefaciente", dijeron los jueces antes de recordar que "mantenía asiduas comunicaciones con quienes fueron detenidos en la finca". Aunque no se plasma en el escrito, los pesquisas suponen que la cocaína llegaba desde Bolivia a la casa de San Javier en la camioneta de Sagardoy.

Los peones. Sergio Rafael Velarde y Santos Eriberto Bamba llegaron desde Salta a la casa alquilada por Luglietto a fines de 2008. Ambos afirmaron en sus declaraciones que habían sido contratados por Nani (el paraguayo detenido junto a Luglietto) "para realizar trabajos de campo, alambrar y hacer corrales". "Algo inverosímil dado que, por más necesidades que se aleguen, no responde a esa lógica que se hayan trasladado varios cientos de kilómetros desde sus domicilios (en Salta), alejándose de sus familias, con tan solo una mochila y un poco de ropa para realizar trabajos rurales por tres meses y para una persona que apenas conocían", sostiene el Tribunal. Además, cuentan los jueces, "en la finca no había alambrados, ni corrales y menos aún hacienda que justifiquen la labor para la cual los contrataron". De eso se deduce que eran los encargados de ahuecar los troncos cuya pulpa fue hallada en Colonia Francesa junto a la droga secuestrada.

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