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Los robos de bicicletas empuja a los ciclistas a no entrenar en Rosario

Cada vez son más quienes pedalean en localidades cercanas. La zona del puente a Victoria es una de las más peligrosas. Avenida Belgrano es una alternativa, aunque también insegura.

Domingo 12 de Abril de 2015

Jueves Santo, 9.25 de la mañana: Sebastián circula en su bicicleta, lo apuntan con un arma de fuego y le exigen que entregue el rodado. Domingo de Pascua, al mediodía: Débora, Laura y Marcela vienen pedaleando cuando son abordadas por dos adolescentes, uno armado con un cuchillo; Laura cae al ser empujada, Débora alcanza a frenar y Marcela, junto a un automovilista que pasa, logra espantar a los ladrones a los gritos. Las dos escenas se produjeron debajo de la cabecera del puente que une Rosario con Victoria, un punto de la ciudad que los ciclistas —tanto profesionales como amateurs— califican de “intransitable”.

   Un circuito alternativo es la repavimentada avenida Belgrano, pero allí también muchas veces son blanco de piedrazos y posteriores robos. Pese a que el año pasado se aprobó un decreto en el Concejo Municipal donde se requería el aumento de los patrullajes en espacios como la cabecera del puente y la avenida Belgrano, entre otros, los ciclistas aseguran que la presencia policial es fluctuante y en algunos casos esporádica. La situación los obliga ahora a buscar nuevos espacios de entrenamiento en localidades aledañas como Villa Amelia, Andino y Coronel Arnold.

   Todos aclaran que el problema que plantean es parte de una situación generalizada que no los tiene como único blanco, pero los ciclistas sí aseguran que desde el año pasado vienen reclamando espacios seguros donde poder entrenar.

En la mayoría de los casos, buscan recorrer a diario distancias de más de 30 kilómetros, “algo que se torna difícil si hay que evitar zonas inseguras de la ciudad”, indicó Sebastián Criado.

   Al joven, que recorre 35 kilómetros diarios, le robaron su bicicleta en pleno Jueves Santo debajo de la cabecera del puente a Victoria, a metros del barrio Remanso Valerio, que se extiende sobre la barranca y al que muchos apuntan como el lugar donde van a para las bicicletas arrebatadas. “Un pibe me apuntó, ni lo miré y entregué la bicicleta”, dijo Sebastián al resumir la situación, que un rato más tarde entró con la Policía al barrio para ver si recuperaba el rodado perdido.

   “Los mismos vecinos de la zona, pescadores que desde siempre viven ahí, dicen saber quién es el que roba y ellos mismos lo sufren; y lo que es peor es el comentario de que todos los días, a la tardecita, pasa una camioneta a buscar las bicicletas robadas”, contó Sebastián, que pasó varias horas en la zona y a quien la propia policía le aseguró que su bicicleta fue “desarmada en pocos minutos”.

   Apenas 72 horas después tres mujeres también sufrieron un intento de robo por parte de dos adolescentes que “aparecieron de atrás de las columnas del puente”, afirmó Débora Caminos. “Todos sabemos que ése es un lugar peligroso y lo evitamos siempre, pero era domingo, íbamos paseando hasta la Reserva Natural de Granadero Baigorria y la verdad es que estábamos tan relajadas que no lo pensamos”, admitió la mujer, que participa de varios grupos de entrenamiento tanto en Rosario como en Funes, y que lamentó el hecho de “ir perdiendo la libertad de andar en bici todos los días”.

Alternativas. Sebastián Perini es licenciado en educación física y coordina grupos de entrenamiento que luego participan en triatlones, y afirmó que la última vez que llevó a sus alumnos a la zona de La Florida fue en diciembre de 2013. “Ese día a uno de los chicos le pegaron un cuchillazo y le robaron, no volvimos nunca más”, recordó y no dudó en afirmar que “hace ya tiempo que la mayoría de los robos son a mano armada”.

   El Autódromo Municipal, los martes y los jueves, es otra de las alternativas que utilizan quienes requieren grandes distancias, pero incluso allí mismo, donde hay seguridad, hubo algunos asaltos.

   Otro circuito dentro de Rosario es lo que llaman “el Dakar”, que no es más que la repavimentada avenida Belgrano desde el Monumento a la Bandera hasta 27 de Febrero, donde se había acordado el año pasado mayor presencia de la policía. “Ahora ahí también están robando”, afirmó Perini y en eso coincidió Mariela Gato, que entrena para triatlón y contó que “los patrulleros no están siempre y muchas veces te tiran piedras desde la barranca para tirarte al piso y llevarse la bicicleta”.

   Mariano Quinteros, que con un grupo de ciclistas llevó el reclamo de seguridad al Concejo Municipal el año pasado, señaló a la cabecera del puente como “el punto más peligroso”, y si bien durante la semana va al llamado circuito Dakar, donde recibió un piedrazo en el casco, advirtió que “no hay lugar seguro si vas solo”.

   Por eso se arman grupos a través del sistema de chat Whatsapp. “De ese modo salimos varios ciclistas juntos y es una forma de cuidarnos”, contó el hombre, que ahora se prepara para competencias en Concordia y Ecuador.

En las afueras. Más allá de las soluciones que van encontrando en Rosario, los que pueden, buscaron circuitos alternativos en localidades aledañas. Y ejemplos sobran.

   Perini asegura que no entrena más a sus alumnos en la ciudad y los lleva a la entrada de Villa Amelia, una localidad que está a poco más de 20 kilómetros saliendo por Ovidio Lagos. “Ahí el ingreso al pueblo tiene un circuito de 14 kilómetros, donde todavía se puede pedalear tranquilo”, señaló.

   El mismo lugar indicaron otros ciclistas, como Gato y Quinteros, y éste último apuntó además otras dos localidades: Andino y Coronel Arnold, ambos a unos 40 kilómetros de Rosario. La entrada a Pueblo Andino desde la ruta Nº 11 es uno de los circuitos que marcan, e incluso hay quienes recorren una vuelta de unos 70 kilómetros uniendo Pueblo Andino, Aldao, Serodino y Carrizales.

   “Es más complicado y hay que tener la posibilidad de ir en auto —señaló Quinteros—. Pero es una alternativa para cuando tenés más tiempo los fines de semana, y que muchos tomamos para poder entrenar tranquilos”, admitió.

Así, todo indica que la práctica del ciclismo en la ciudad se ha tornado una actividad de alto riesgo, ya que nadie está exento de sufrir un intento de robo del rodado, que en muchos casos ha terminado con graves lesiones a los desafortunados ciclistas.

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