Sábado 05 de Enero de 2013
Cuando Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes, unos magos que eran hombres sabios, astrónomos, procedentes de Oriente, de los cuales no se tienen muchos datos, no se sabe donde vivían, cuántos eran, ni cuánto duró su viaje. Lo que sí se conoce es que vinieron guiados sobrenaturalmente por una estrella, y el propósito de su viaje era de adorar al niño que había nacido, al cual reconocían como rey de los judíos. Al detenerse la estrella que mostraba el lugar donde estaba Jesús, se regocijaron, y al entrar en la casa, postrándose le adoraron y abriendo sus tesoros le ofrecieron oro, incienso y mirra. Estos regalos tienen un significado muy importante. El oro en la Biblia es símbolo de todo lo divino y al regalarle oro estaba implícito el reconocimiento de que ese niño era Dios mismo que había tomado la naturaleza humana para salvarnos. El incienso es un perfume que para que brinde su aroma tiene que quemarse y el significado es que la vida de Cristo se iba a entregar íntegramente haciendo la voluntad del Padre, viviendo una vida sin pecado para redimir a la humanidad. La mirra, siendo una hierba amarga significaba los sufrimientos que iba a padecer en la cruz para nuestra salvación. Que al recordar esta historia, también nosotros reconozcamos a Cristo como Dios, y le aceptemos como nuestro salvador.
Jorge R. Alonso
joralonsocont@hotmail.com