Jueves 15 de Enero de 2009
He leído que algunos restaurantes deben cerrar sus puertas por problemas económicos. Entiendo, la realidad económica ha cambiado. Sugiero que la creatividad que tenemos los argentinos para conservar la calidad de vida que teníamos antes de "la crisis" sea usada en este caso por los dueños de restaurantes para que no se vean forzados a cerrar las puertas de tantas fuentes de trabajo. Mi voz es la de tanta gente que disfruta de almorzar o cenar afuera en familia, en pareja, con amigos. Las comidas aparecen como tentadoras en las vidrieras de locales prolijos, limpios, climatizados. Los precios, razonables. El problema es que la gente no concurre porque indudablemente tiene disminuido su poder adquisitivo y debe regular el uso de sus ingresos. Todos sabemos que desde siempre lo más caro en esas comidas son las bebidas, que se ven tan recargadas en sus costos que mucha gente se retira del restaurante con algo de sed y por supuesto a repensar una próxima cena o simplemente anularla. Recargan enormemente los costos desde el agua mineral hasta los vinos más exquisitos. Al final lo que pareció en principio ser una cena costosamente razonable, hiere los bolsillos. En una crisis todos perdemos algo, lo importante es que no perderlo todo. No es más que una sugerencia, a veces es mejor ganar menos y esperar con el negocio en marcha, que vengan mejores tiempos.
Edith Michelotti
DNI 3995054