Los relatores: "Lo digo o no lo digo"
El Album del Mundial. Figurita 14. Por Alfredo Montenegro.   La tarde se desgarra con un: “¡Ta ta ta, gol gol gol, gol!” que parte de una ventana, cruza el pasillo y sale a la calle...

Jueves 24 de Junio de 2010

La tarde se desgarra con un: “¡Ta ta ta, gol gol gol, gol!” que parte de una ventana, cruza el pasillo y sale a la calle para cruzarse con un: “Que digo gol, recontra golazo”. “Lo digo o no lo digo”, duda Walter Nelson, mientras Sebastián Vignolo advierte: “No lo canteeee, no lo grite, no se abrace”. Algunas frases de relatores son populares a costo de repetirlas.
Dinamismo, invención, pasión, vozarrón, y literatura desbocada son las armas del relator que parece desmembrarse y estallar en pedazos. El relato de un partido en la radio nos permite imaginar. Pero la fantasía a veces vuela porque no brindan algún dato para saber dónde corno anda la pelota.
En 1927, Tito Martínez Delbox inauguró el relato futbolero en un Sportivo Barracas-Estudiantil Porteño. Después aparecieron destacados como Luis Elías Sojit, Pelliciari, o el actual Víctor Hugo, entre tantos.
Pero en 1960 llegó el Gordo Muñoz e inauguró su reinado, o dictadura. Integró varios equipos periodísticos y, lejos del catedrático Fioravanti, sorprendió con su estilo de gritar “gol” con cientos de “o”, suministrar la temperatura en la Base Marambio, o frases como: “Señora, deposite su óbolo en la alcancía de Alpi”, o aquella contestación cuando alguien relacionó a Gatti con Dorian Grey: “Estamos hablando de arqueros argentinos”.
Nació en 1924 en San Martín y jugó en Platense hasta los 12 años. Pasó por la Escuela de Mecánica Aeronáutica y trabajó en la Flota Aérea Mercante a las órdenes de Alsogaray.
Daniel Lagares advirtió que en los relatos del Gordo “la pelota, cuando se iba afuera, siempre pegaba en fotógrafos de El Gráfico”. También Lagares señala: “Es inaceptable que la pila con la que le rompían la cabeza a un linesman fuera de la marca tal”.
Era muy escuchado, pero en el Mundial 78, la hinchada no lo escuchó y prefirió tirar papelitos, como pregonaba Clemente. Su relato irradiaba nacionalismo, pregonaba las bondades de los militares y tenía buenas relaciones con todo funcionario de turno: “Soy como Neustad”, decía. Así, en el 79, enfrentó a otros relatores, como se denomina a los investigadores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que registraron las denuncias por la desaparición de personas. Entonces estalló: “Los argentinos somos derechos y humanos. No vamos a permitir esa campaña de difamación contra el país”.
El “Delator de América” dejó un misterio: ¿Le temía a la alegría del fútbol?, siempre advertía: “Peligro de gol”.

Mañana, Figurita 25: Los comentaristas