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Los Pumas expusieron su realidad y cayeron ante Australia en Rosario

La vara estaba puesta en un nivel surrealista para un equipo que va por el camino correcto, aún lejos de pararse en el mismo escalón de las potencias del Hemisferio Sur.

Domingo 06 de Octubre de 2013

Si apelamos al diccionario para buscar una palabra que pinte de pies a cabeza la sensación que dejó la despedida de Los Pumas del Rugby Championship en Rosario, esa sería desilusión. Porque el Gigante de Arroyito asomaba en la previa como el escenario ideal para que el equipo de Tati Phelan consiga su primera victoria en el torneo frente a Australia. Pero esa suerte de envalentonamiento fue pasajero, y perdió sustancia. Porque, con los pies en la tierra, se dio la lógica. La vara estaba puesta en un nivel surrealista para un equipo que va por el camino correcto, pero que todavía le faltan varios kilómetros por recorrer para pararse en la misma estación de las potencias del Hemisferio Sur.

Está claro que Los Pumas necesitan un triunfo. Pero no para el simple hecho de sumar puntos. Si no por todo lo que traería de la mano una victoria en esta competencia. En el primer escalón figura que sería una confirmación del crecimiento del equipo. Del hecho de estar acercándose al objetivo de achicar la brecha que separa al elenco nacional de los seleccionados más poderosos de este deporte.

Es cuestión de hacer la lectura de la coyuntura una vez que las pulsaciones estén en su estado natural. Con un baño de realidad mediante. Los Pumas pueden encasillarse entre los diez mejores equipos del mundo. Pero el espacio que separa a los Top 10 de los mejores tres (los rivales de Argentina en este torneo) es todavía considerable.

Esperar un resultado positivo del equipo albiceleste es un acto reflejo. Inevitable desde ue irrumpieron en escena señales de que estos jugadores pueden. Pero del "pueden" al "es factible" hay una distancia considerable. Porque para que el festejo llegue se tiene que dar una combinación poco factible. A grandes rasgos, que Los Pumas tengan un rendimiento superlativo, y que el rival de turno no tenga la mejor noche. Tampoco se lo puede catalogar de imposible, porque a los partidos hay que jugarlos.

El mensaje que mandaron Los Pumas ayer es que al equipo le falta un golpe de horno. El mismo que enviaron durante todo el torneo. Pero nadie debe correr a encender luces de alarma ni caer en críticas que rápidamente quedarán infundadas.

Esto es un proceso, y hay que cumplir con las etapas. Todos los esfuerzos están puestos detrás de la intención de que el techo de Los Pumas suba. Por eso, después de tanto exigir por mayor roce internacional, hoy están participando del RCH con los mejores del mundo. Ayer bajó la persiana la segunda edición del torneo. El balance no es demasiado lejano a los objetivos, salvo la categórica derrota en la primera fecha ante Sudáfrica y la de anoche ante los Wallabies.

Hoy Los Pumas están compitiendo con los mejores detrás de la empresa de estar a la altura de ellos. Les falta, está claro. Pero también es evidente que las diferencias no son las de antaño. Sí, perder acarrea desilusión. Pero ese sentimiento debe quedar atrás. Lo que debe copar la escena es el realismo que indica que el seleccionado está creciendo. Que está transitando los carriles normales, con lógicos inconvenientes, pero que seguramente desembocarán en el lugar anhelado.

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