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Los pro y los contra de Macri

El escenario actual en el PRO tiene un único mandamiento: "Hay que hacer todo para que Mauricio sea presidente".

Domingo 11 de Mayo de 2014

La centroderecha, con Mauricio Macri como estandarte, tiene al igual que la centroizquierda —con el Frente Amplio Unen como bandera— la posibilidad histórica de acceder al poder aprovechando la diáspora peronista, que divide sus garras entre el kirchnerismo y Sergio Massa.

El escenario actual en el PRO tiene un único mandamiento: "Hay que hacer todo para que Mauricio sea presidente". Con ese objetivo de mínima y máxima, el macrismo porteño desembarca en los territorios del interior promocionando la gestión en la ciudad de Buenos Aires, intentando diferenciarse de las políticas de la Casa Rosada y de las administraciones provinciales, sobre todo en materia de seguridad.

La conformación del FAU no fue una buena noticia para el PRO, que tenía en su horizonte la captación de radicales en el camino al 2015. Aunque sigue adelante en la idea de coptar algunos intendentes de la UCR, el conglomerado socialdemócrata dificultará esa tarea, como antes la aparición de Massa pareció obturar la posibilidad de ampliar el camino de peronización, fundamentalmente en el interior del país.

En el caso de la provincia de Santa Fe, Unión PRO tiene una articulación sesgada hacia el peronismo que alguna vez fue reutemista y que logró cargos en la Legislatura durante la ausencia de Carlos Reutemann en los primeros planos. Aquí y ahora, el dilema macrista en la provincia y en Rosario es cómo posicionarse frente a la realidad electoral inmediata.

En ese sentido, deberán evaluar los operadores si les conviene marchar hacia una mélange como la que en su momento decidieron conformar alrededor de Miguel Del Sel o si priorizan el camino de la Tercera Vía que, al margen de alguna incorporación más o menos peronista, le permitió imponer el amarillo con buenas perspectivas electorales, tales los casos de Roy López Molina en el 2011 y Anita Martínez en el 2013.

Una paradoja similar es la que por estas horas han de estar evaluando en los laboratorios preelectorales nacionales del macrismo. Al haber fracaso las gestiones para que Macri se incorpore a la coalición del FAU, el jefe de Gobierno porteño le saca punta al target de "lo nuevo en la política y en la gestión", diferenciándose de peronistas y radicales, y proponiendo la idea de que alguna vez los argentinos tendrán que romper amarras con el pasado.

El de la Tercera Vía fue un camino que en su momento intentaron imponer como criterio político terceras fuerzas que apenas rozaron el acceso al poder. El Partido Intransigente, en los 80, y la Ucedé, en los 90, también intentaban promocionarse como un camino opcional a la hora de disputar posiciones de jerarquía. Sin embargo, buena parte de los intransigentes pasó luego a formar parte del Frepaso, ese invento argentino que, curiosamente, sobrevivió su propio desastre en la Alianza y hoy ocupa cargos y bancas de la mano del kirchnerismo.

¿Es capaz hoy por hoy la mayoría de la sociedad de abjurar de peronistas y radicales para ofrecerle la oportunidad a la centroderecha? Macri lleva adelante una buena gestión en la Capital Federal, algo que es reconocido —siempre en off the record — hasta por sus adversarios, pero tiene vacíos intensos a la hora del crecimiento territorial fuera del distrito porteño y de Santa Fe, aunque desde el numen macrista se rebelan ante esto y citan a Mendoza, Entre Ríos y Córdoba como otros enclaves en los que el PRO pisaría con pata ancha.

Aunque para un partido relativamente nuevo la autopista hacia el poder nacional —y más en Argentina— es de tránsito lento, para los macristas el futuro es hoy. Por eso no ahorran estrategias ni técnicas comunicacionales a la hora de promocionar a su jefe político.

Curiosamente, se habló y se escribió hasta el hartazgo sobre la viabilidad de que Macri participe en la interna del panradicalismo y no sobre la chance de un frente con Massa, mucho más cercano en lo ideológico, pero además con antecedentes de sinergia electoral.

Como bien explica el consultor político Rosendo Fraga, "la alianza natural del PRO es con Sergio Massa. Tanto lo es que el año pasado estuvieron por firmarla y a último momento se frustró. Pese a ello, en los 35 candidatos a diputados nacionales del Frente Renovador bonaerense entraron varios del PRO, dos de los cuales fueron elegidos. En 2013 los votantes del PRO en la provincia de Buenos Aires no tuvieron ningún problema en votar por Massa".

Hoy por hoy, Massa y Macri disputan una importante tajada del electorado que no quiere sufragar ni por el kirchnerismo ni por la centroizquierda. "Un punto que sume Macri seguramente lo estará restando a Massa y el que él agregue impedirá que lo obtenga el líder del PRO", agrega Fraga.

Ha sido de uso corriente en todos los análisis políticos de las últimas semanas la teoría del mito Bacheletiano, según la cual la presidenta de la Nación preferiría —si es que ningún candidato K tiene chances— que Macri sea su sucesor para instalarse como oposición hasta el 2019 y desde allí volver como contrafigura. La elucubración tiene una buena dosis de dislate atento a que Argentina no es Chile, Cristina no es Bachelet y Macri no se parece a Piñera.

La última saga de noticias alrededor de Cristina y de Macri pareció ir en esa dirección: la presidenta compartió con el jefe de Gobierno la inauguración de la oficina argentina de Facebook y blanqueó una reunión de carácter reservado que ambos habían mantenido en la Quinta de Olivos. El inconveniente de esta trama es para sus autores que la opinión pública interiorizada de los vaivenes políticos ya se ha dado cuenta de que la decisión apunta a que parezca un accidente.

Sin un acuerdo de mediano plazo entre Macri y Massa para competir en primarias, el tablero llegará de la mano de los actuales cuatro cuartos. Un candidato del kirchnerismo (Daniel Scioli es el que talla con más fortaleza), uno del FAU (Cobos o Binner, según los sondeos), Massa y Macri serán las referencias exclusivas para suceder a Cristina en 2015. En ese mapa de posibilidades a ninguno le sobra nada.

A 18 meses del recambio en la vértice del poder unos y otros deberán esmerarse para lograr ventajas comparativas lo suficientemente seductoras como para quedarse, nada más ni nada menos, que con la Presidencia de la Nación. El escenario está abierto.

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