Jueves 30 de Abril de 2009
El mensaje televisivo navega entre prevención y alarma, ¿quién puede sustraerse? La novedad de la gripe porcina empieza a tener presencia en la calles de Buenos Aires. El problema está lejos, su llegada es improbable, pero, se sabe, en la ciudad ya son parte los turistas y visitantes, de a miles, y de todo el mundo. ¿Y si lo traen de afuera? Para empezar, ya escasean los barbijos en las farmacias porteñas. Hasta hace una semana, su precio era de 35 centavos, pero ayer los pocos disponibles valían 2,50 (los nacionales) y 4 pesos, los importados. Como se ve, ley del mercado, puro y duro.
Cinco sanatarios. Una de las organizaciones de medicina prepaga de alto rango, de alcance masivo en barrios como Recoleta, Palermo y Belgrano, ya había acondicionado ayer cinco sanatorios para recibir, eventualmente, los enfermos de gripe porcina. Hasta anoche, fueron 12 los pacientes atendidos, pero ninguno tenía la temida gripe.
Son los mismos cinco establecimientos que también se preparan para recibir a los contagiados con dengue. Que en la Capital Federal, y en esa franja socioeconómica todavía no aparecieron. Por si acaso, La Capital pudo saber que un afiliado de esa poderosa obra social llamó a consulta al médico de domicilio, y sin presentar ninguna afección física, refirió: "Doctor, me picó un mosquito. Lo maté y lo guardé en la heladera, ¿ tendré dengue?". Luego el paciente ofreció mostrar el cadáver del mosquito, pero el médico agradeció el convite. "No, está bien, déjelo en la heladera", fueron las palabras del médico, antes de retirarse del domicilio.
La fiebre porcina se trata con un poderoso antiviral, el Tamiflu, que no estaba ayer en las farmacias porteñas. Se informó que toda la existencia del medicamento la está manejando directamente el Ministerio de Salud, y desde allí se distribuirá, de ser necesario. El Tamiflu, aunque no esté disponible, tiene un precio alto: 135 pesos la caja de diez comprimidos, que deberían tomarse a razón de dos por día, en caso de caer con el virus. El médico que trajina las calles porteñas y que relató el episodio del mosquito en la heladera a este cronista, planteó el dilema: "Si viene el frío, aumentan las posibilidades de la gripe porcina, si sigue el calor aumenta el dengue".