Los pilotos iban con casimedio cuerpo afuera, a 150 kilómetros por hora
Antes del raid de Arfinetti, cinco aviadores habían intentado cumplirlo:tres murieron

Domingo 02 de Septiembre de 2012

Antes de la desafortunada caída del avión de la actriz Myriam Stefford en 1931 y la proeza del aviador cañadense Juan Arfinetti en 1932, otros pilotos habían intentado recorrer los más de 4.000 kilómetros para unir las 14 provincias argentinas de entonces.

El primero en pretenderlo fue el piloto Próspero Palazzo, sin conseguirlo. Luego le llegó el turno a los pilotos Reggi y Cocco, pero el avión de ambos se precipitó a tierra y murieron. Al fin, el aviador santiagueño Romay logró realizar el recorrido, pero en dos meses.

Stefford (una de las primeras mujeres aviadoras argentinas aunque con una discutible preparación) fue la cuarta persona en intentar el raid y la tercera en morir en el propósito. Pretendió hacerlo en cuatro días cuando su avión cayó en San Juan. Ese tiempo —cuatro días— fue el que un año más tarde empleó Arfinetti para concretar el hito.

Para la fecha de la proeza del aviador santafesino, habían transcurrido 18 años de la muerte de Jorge Newbery, quien cayó en El Plumerillo, Mendoza, y pasado casi tres del primer vuelo de la Patagonia protagonizado por el francés Antoine de Saint Exupéry.

El autor de El Principito voló desde Comodoro Rivadavia a Bahía Blanca en siete horas (a una velocidad promedio de 158 kilómetros) el 31 de octubre de 1929. El escritor y aviador francés fue nombrado director de la Aeroposta Argentina, filial de la Aéropostale francesa, y tuvo la misión de organizar los vuelos en la Patagonia y más tarde la red de la compañía en América Latina.

Disparos en el ala. Leyendas que se mantienen en Cañada de Gómez (donde Arfinetti fundó el aeroclub), pasadas de generación a generación, dicen que los pilotos comían mucho ajo para no apunarse. Manejando con la cabeza y parte del torso afuera, los aviadores debían hacerse baqueanos en el aire observando debajo el terreno sin perder de vista algún potrero o cualquier espacio para utilizar como aterrizaje de emergencia.

Esto último, señalan, le pasó a Arfinetti en la zona de Carcarañá tras la victoria, donde el intendente le preparó un agasajo. A punto de culminar su demostración, debió carretear la máquina por un poceado camino de tierra al comprobar que tenía un ala averiada. La rotura la había provocado un gringo dueño de un campo, disparándole dos escopetazos.

Cuando lo fueron a ver, el campesino respondió que le tuvo que tirar a "un pájaro gigante que se venía a comer los cereales". Mucha gente desconocía la existencia de los aviones y jamás había visto nada semejante. Como el gringo.