Miércoles 22 de Febrero de 2012
En apoyo a la carta del lector Juan Carlos Crisci y los padres de enfermos por los negocios de la nocturnidad, la intendenta de Rosario, Mónica Fein, profesional del área de la salud, propone y avala la extensión del horario en que nuestros adolescentes y jóvenes permanecen en estado de "vigilia". Olvida las consecuencias médicas de la nocturnidad, hábito instalado y explotado por el mercado. Son graves las consecuencias de desmentir o desfasar el reloj interno que regula el "ritmo circadiano" de los seres vivos, sobre todo de los humanos. De él depende la mayoría de los procesos vitales, como el sistema neurológico, hormonal, el inmunológico (defensivo de infecciones y cánceres) y otros. La violación del estado de sueño lento (no REM), al que corresponden las primeras horas de la noche, no cuando amanece, enferma. Está demostrado con múltiples investigaciones y publicaciones cómo se afectan la secreción de hormonas vitales: la de crecimiento (somatotrofina), las sexuales (detención del desarrollo sexual, alteraciones menstruales, abortos espontáneos, partos prematuros, impotencia), el cortisol (que actúa en el estrés) y la ACTH, la prolactina (se encuentra elevada en las primeras horas y comienza a bajar en la mitad de la noche). La oxitocina (que actúa sobre el útero y también protagoniza y despierta sentimientos amorosos), la hormona antidiurética (altera no sólo su secreción sino sus efectos). El sueño a horarios normales repara, equilibra y permite que el cerebro enriquezca sus conexiones, armonice el circuito de emociones y utilice el pensamiento lógico (por eso de noche hay hiperreacciones, agresiones, "accidentes" y otros comportamientos inconscientes). Por no respetar el sueño nocturno se dificulta la adquisición de conocimientos y memorización (causa de fracasos escolares), se altera la temperatura del cuerpo, el hambre, la tolerancia al estrés, el estado "aroausal" y de alerta, la energía y otros equilibrios y armonías adquiridos en la evolución humana. También aumentan las enfermedades cardiovasculares, la incidencia de cánceres por afectación del sistema inmunológico y otras patologías por pérdida de funciones restauradoras o recuperación de tejidos y órganos, subrayando el cerebro. Los concejales debieran informarse antes de habilitar contextos que afectan la salud ciudadana. Deben aprender las consecuencias del sometimiento a ruidos o decibeles que afectan esporádica o definitivamente el sistema auditivo. Deben defender a quienes asisten voluntaria o involuntariamente (vecinos sometidos) a estos y otros "lugares" que negocian denominar y legislar como confiterías, boliches, bailables o megafestivales, entre otros. La currícula escolar debe incluir el especial capítulo del comportamiento en la nocturnidad porque estamos programados genéticamente, para que la cordura responda a horarios que respeten el ritmo circadiano. Por eso la importancia que se le da al "Jet lag" (cuando se hacen viajes transmeridionales). Lamentablemente, los negocios de la noche ganan la batalla de padres, docentes, médicos y vecinos sufrientes desde 1977, cuando importaron el redituable filme "Fiebre del sábado por la noche". Al tema del horario, que denomino "síndrome de la nocturnidad" (con alto índice de patologías y mortalidad), se suman los negocios del alcohol, cigarrillos, psicotrópicos y otros aliados tóxicos invisibles para quienes debieran proteger la vulnerabilidad del menor o "mayor" (portador de documentos falsos). Aunque no tengan tanta prensa y hasta son amenazados, todavía existen adultos que entretienen y defienden a sus hijos, nietos, sobrinos, alumnos y pacientes de "previas" (ahora hogareñas) y estadías en contextos que enferman.
Mirta Guelman de Javkin
mirtaguelman@hotmail.com