Los pecados de Haití
Los temblores ya cesaron, la tierra, cansadísima de llorar ojos adentro, descargó la tristeza contenida de la forma en que pudo, como hacemos todos.

Miércoles 14 de Julio de 2010

Los temblores ya cesaron, la tierra, cansadísima de llorar ojos adentro, descargó la tristeza contenida de la forma en que pudo, como hacemos todos. Ahora Haití se parece más a una sabana africana, donde la infinitud se despliega en harapos, donde el horizonte se tapa con basura, donde la moneda poco a podido hacer, donde el llanto sabe bien que es ese su lugar. Las infructuosas maniobras del mundo todo han dejado al descubierto, una vez más, ya cuántas, que el ejercicio de la memoria tiene mucho que ver con el hábito de la imagen. Allí donde los medios no muestren el padecimiento, lo paupérrimo de la condición humana, allí donde el hecho se haya banalizado incluso por aquellos mismos que intentaron atenuarlo, el semejante olvidará todo atisbo de humanidad inherente y sabrá perdonar los pecados de Haití. El primer país libre de las Américas deambula ahora entre la sombra de su pasado y la incapacidad de su presente. Una vez más, las naciones civilizadas presionan sus pulgares sobre la dignidad de los pueblos, una vez más, el lugar merecido por la historia no atañe realidades. Haití conoce bien las espaldas del mundo, la devastación, la soledad, conoce bien qué significa merecer la libertad. Ahora bien, pregunto a usted noble lector, ¿qué ha hecho hoy para merecer lo que tiene sobre su mesa?

Federico Fontana DNI 29.662.471