Los normales, afuera
Hace algún tiempo que intento comprender por qué los seres antes considerados normales (en el sentido de ajustarse a las normas de vida, a la honradez) han quedado fuera del sistema. Se habla de inclusión, inserción, integración, articulación y respeto por la diversidad; se garantiza en la ley de educación nacional la "apropiación crítica de las distintas manifestaciones de la ciencia y la cultura".

Jueves 19 de Noviembre de 2009

Hace algún tiempo que intento comprender por qué los seres antes considerados normales (en el sentido de ajustarse a las normas de vida, a la honradez) han quedado fuera del sistema. Se habla de inclusión, inserción, integración, articulación y respeto por la diversidad; se garantiza en la ley de educación nacional la "apropiación crítica de las distintas manifestaciones de la ciencia y la cultura". Pomposidad del dialecto y objetivos desvirtuados, si se aprecia el desamparo que sufren ciencia y cultura. Su puesta en práctica se hace imposible justamente porque sus actores han sido descalificados por la sociedad de consumo y por quienes deben materializar adecuadamente vocación y sacrificio al servicio del bien común. Pareciera que todos aquellos que realizan un esfuerzo cotidiano, en distintos ámbitos, con diferentes edades, diversas funciones, en ejercicio de sus derechos y obligaciones, no merecen atención. No hay pensadores capaces de considerarlos en sus proyectos, de respetarlos en sus realizaciones y menos aún de allanarles un camino tapizado de obstáculos. Fueron estafados en su inocencia de niño, de joven, de adulto, de anciano, creyendo en promesas eternas, en resultados lejanos y están desbordados de impotencia, soportando estoicamente el maltrato y la marginación a la hora de aplicar leyes que están pero no se cumplen. Son silenciosos hacedores del día a día, ajenos a la exposición mediática, a los devaneos políticos, a las marchas y contramarchas vacías de contenidos y organizadas para liderar el rating. Son ninguneados con una educación que no estimula ni premia, que contamina con la deficiente formación profesional, aprovechada a su vez por ávidos cazadores de fortuna que practican la explotación de los "normales". Están lejos del jubileo y mendigan para lograr el reconocimiento y comprobar con tristeza la facilidad con que manos anónimas acceden a su cuenta y los despojan. Finalmente, son seres normales, sujetos tácitos, sobreentendidos, pero aún gallinas que ponen huevos de oro.

Ada Pesenti,

historada@hotmail.com